76- Últimos ejercicios espirituales en los Jerónimos (COU 73/74)
Pescador del Más Allá
¿Habrá un puerto
donde pueda anclar?"
Como ya he dicho en otro capítulo, eran
años también de trenca y cinefórum, de miradas nuevas y de descubrimientos. En
el salón de actos del colegio conocí las películas de Visconti, Fellini, Elia
Kazan, Truffaut, Antonioni, Ingmar Bergman etc. Después de sesudas
disquisiciones sobre supuestas claves del largometraje recién visualizado, que
quizá sólo estaban en la mente de quien lo comentaba, descubríamos
las tascas donde, entre humo de tabaco, estudiantes barbudos y con gafas
de pasta y chicas evanescentes con largas faldas y botas camperas compartían jarras de vino en mesas de madera rústica.
En
ese COU tuvimos por primera vez como compañeras de clase a las muchachas que hasta
entonces solo veíamos por las calles, con sus uniformes y sus coloridas carpetas
abrazadas contra su pecho de aquella manera tan característica.
Sí,
eran los últimos ejercicios espirituales y en unos pocos meses entraríamos en
la Universidad. Como decía aquel novelista -otro genuino producto de ese
tiempo- la vida salía al encuentro. Quedaban atrás unos años vividos en un
mundo que se acababa, que pronto sería sólo un recuerdo. Coincidiría además esa
entrada en la edad adulta con un cambio de régimen político que nos iba a dar
una perspectiva nueva y diferente de lo que habían sido aquellos años
de niñez y adolescencia.
Todo
era vertiginoso. Las grandes decisiones no se podían posponer. En breve íbamos
a elegir un camino que nos marcaría durante buena parte de nuestra vida la vida. Al año siguiente, las
aulas de las facultades acogerían a una generación de jóvenes que se habían
educado bajo paradigmas que en breve tiempo quedarían periclitados para
siempre.
Con
el impulso que da la juventud, entrábamos desbocados en todos los ámbitos y
todo nos parecía posible. Tardaríamos mucho tiempo en darnos
cuenta de que, como rezaban los versos del poeta, "la vida iba en
serio".
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