martes, 17 de marzo de 2026

76- Últimos ejercicios espirituales en los Jerónimos (COU 73/74)

 76- Últimos ejercicios espirituales en los Jerónimos (COU 73/74)

 Comenzaba a percibirse un cierto aggiornamento en los aledaños de la Iglesia. En estos últimos Ejercicios espirituales ya no nos hablaban tanto de las penas del infierno en las charlas nocturnas y, por contra, el énfasis se ponía en la recomendación de lecturas de textos del tipo Populorum progressio, la encíclica más social de Pablo VI.  Algún hermano marista ya nos había hablado un año antes de Helder Cámara. Por las mañanas, antes de bajar a desayunar unos enormes tazones de café con leche, también seguían sonando canciones del grupo Mocedades por los altavoces de los dormitorios. 

"Dime Señor
Pescador del Más Allá
¿Habrá un puerto
donde pueda anclar?"

 Como ya he dicho en otro capítulo, eran años también de trenca y cinefórum, de miradas nuevas y de descubrimientos. En el salón de actos del colegio conocí las películas de Visconti, Fellini, Elia Kazan, Truffaut, Antonioni, Ingmar Bergman etc. Después de sesudas disquisiciones sobre supuestas claves del largometraje recién visualizado, que quizá sólo estaban en la mente de quien lo comentaba, descubríamos las tascas donde, entre humo de tabaco, estudiantes barbudos y con gafas de pasta y chicas evanescentes con largas faldas y botas camperas compartían jarras de vino en mesas de madera rústica.

 En ese COU tuvimos por primera vez como compañeras de clase a las muchachas que hasta entonces solo veíamos por las calles, con sus uniformes y sus coloridas carpetas abrazadas contra su pecho de aquella manera tan característica. 

 Sí, eran los últimos ejercicios espirituales y en unos pocos meses entraríamos en la Universidad. Como decía aquel novelista -otro genuino producto de ese tiempo- la vida salía al encuentro. Quedaban atrás unos años vividos en un mundo que se acababa, que pronto sería sólo un recuerdo. Coincidiría además esa entrada en la edad adulta con un cambio de régimen político que nos iba a dar una perspectiva nueva y diferente de lo que habían sido aquellos años de niñez y adolescencia. 

 Todo era vertiginoso. Las grandes decisiones no se podían posponer. En breve íbamos a elegir un camino que nos marcaría durante buena parte de nuestra vida la vida. Al año siguiente, las aulas de las facultades acogerían a una generación de jóvenes que se habían educado bajo paradigmas que en breve tiempo quedarían periclitados para siempre. 

 Con el impulso que da la juventud, entrábamos desbocados en todos los ámbitos y todo nos parecía posible. Tardaríamos mucho tiempo en darnos cuenta de que, como rezaban los versos del poeta, "la vida iba en serio". 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

106- Lavando con azulete

  106- Lavando con azulete   Las pastillas de café con leche de Alonso, las tapias hacia la Gran Vía de la Sucursal, la Casa de Socorro, e...