viernes, 16 de enero de 2026

16- El Libro de España

 16- El Libro de España

 Uno de los textos utilizados en Los Maristas como manual de lectura llevaba por título El Libro de España. Era de la Editorial Luis Vives, al igual que todo el material escolar que utilizábamos entonces. Narraba la historia de dos huérfanos españoles, Antonio y Gonzalo, de catorce y diez años respectivamente, que viajan desde Francia hasta Sevilla para buscar a sus familiares.  A través de este periplo (aprovechando en ocasiones que el Pisuerga pasa por Valladolid) los dos hermanos recorren las distintas regiones del territorio nacional, circunstancia que aprovecha el narrador para hacer cumplida semblanza de cada una de ellas. Así, de su mano vamos conociendo  los distintos lugares del mapa patrio, con sus singularidades, sus hechos históricos más notables, sus tradiciones…

La génesis de esta obra habría que situarla a comienzos del siglo XX, con la sombra del desastre del 98 planeando sobre España y la necesidad de un rearme patriótico que combatiera el pesimismo generado por la pérdida de las últimas colonias de Ultramar. Más tarde, en 1921, tras el Desastre de Annual, el Ministerio  de Instrucción Pública establece un concurso para seleccionar un texto, dirigido a los estudiantes, que exalte los valores nacionales y ayude al conocimiento de la geografía y la historia de la patria, con sus personajes más insignes. Como referencia literaria a tener en cuenta a la hora de redactar ese futuro manual  se hacía mención de una obra italiana del siglo XIX, Cuore (Corazón), de Edmundo d'Amicis, con su continuación, Testa (Cabeza), de  Paolo Mantegazza y, sobre todo, de Le tour de la France par deux enfants, de G. Bruno (seudónimo de la escritora francesa Augustine Fouillée, de soltera Tuillerie). Esta última publicación, de 1877, tenía una estructura similar a lo que luego fue el Libro de España. Trataba de dos niños huérfanos, André y Julien Volvende, que desde Lorena viajan hacia Francia en busca de un tío paterno. Tras la guerra franco-prusiana, en 1871, Alsacia y Lorena habían sido anexionadas por Alemania. Se trata, pues, de dos regiones  francesas perdidas tras dicha contienda, por lo que el texto parte de la constatación de un irredentismo patrio y continúa con el viaje de los dos protagonistas por territorio galo, abundando en la descripción de los paisajes, hechos históricos, héroes, arte y monumentos que caracterizan cada enclave del recorrido. Como vemos, el paralelismo entre este texto, popularísimo en la Francia de aquellos años, y  El libro de España, es total. Pero el concurso, dotado con un premio de 50.000 pesetas de la época, quedó desierto.

La orden religiosa marista había fundado en Barcelona, en 1890, la Editorial FTD, siglas que corresponden a Frère Théophane Durand, quien había sido superior de la congregación desde 1883 a 1907. Dicha editorial, dedicada a la elaboración de manuales escolares, y que a partir de 1932 cambia su nombre por el de Editorial Luis Vives, encarga en 1928 al benedictino Fray Justo Pérez de Urbel un libro inspirado en el ya visto Le tour de la France par deux enfants. La nueva obra  describe desde un punto de vista cristiano y didáctico la España de la Dictadura de Primo de Rivera, guardando un gran paralelismo con el texto francés que le inspiró en cuanto a propósito y estructura. 

Más tarde, en 1942,  la Editorial Luis Vives vuelve a recurrir a Fray Justo Pérez de Urbel y le pide la revisión y adaptación del texto original del Libro de España a la nueva realidad política del momento. Esto da lugar a algunos cambios argumentales que actualizan dicha obra. Así, por ejemplo, el fallecido padre de los protagonistas deja de ser un albañil emigrante en busca de trabajo en el sur de Francia, tras la Primera Guerra Mundial, y se convierte en  un falangista fallecido en el asalto al Cuartel de la Montaña en el marco de la Guerra Civil española. Esa nueva edición, con la previsible exaltación de los valores nacionalcatólicos de aquellos años, fue la que mi generación  utilizó como manual de lectura. 

 Yo perdí mi ejemplar y por más que busqué en trasteros, armarios y cajones no conseguí recuperarlo. Muchísimos años después me hice de una edición facsímil que reproducía la de 1928. A pesar de los cambios mencionados, las ilustraciones y grabados, junto con  la mayor parte del texto, eran iguales a los del libro que yo conocí. Al cabo de tanto tiempo, la lectura de aquellas páginas, con detalles totalmente olvidados que de nuevo volvían a serme familiares, tal como cincuenta y tantos años atrás, fue una auténtica magdalena de Proust. Toda una época de mi niñez se volvió a hacer presente. Las aulas de la Sucursal, los viejos pupitres de madera, las chascas de los profesores, los tinteros de porcelana con los cuadernos de caligrafía, los mapa mundi llenos de países sin descolonizar colgados de la pared... 

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