15- La cultura del álbum y Cesta y Puntos
Como creo haber dicho en algún capítulo anterior, mis más lejanos recuerdos del patio del colegio los asocio al intercambio de cromos con los compañeros en el recreo. Se trataba de conseguir con ese infantil mercadeo ejemplares raros y escurridizos, aquellos que nunca salían por más viajes que hicieras al puesto de pipas, golosinas y tabaco suelto que solía plantarse en las plazas. Había álbumes de películas famosas -El Cid, La conquista del Oeste, 101 dálmatas, etc.- y de todo tipo de temáticas: coches, naturaleza, cine, animales, liga de fútbol (ese salía todos los años puntualmente y creo que es el que más se ha prolongado en el tiempo) …
No tenía precio el momento en que uno se acercaba al quiosco a por cromos. La incertidumbre previa a la apertura del sobrecillo que los contenía aportaba un punto de emoción a las tardes de los sábados. La sobremesa de éstas quizá comenzaba en casa con el concurso televisivo Cesta y Puntos. Allí, aplicando el símil del baloncesto a un torneo sobre saberes académicos entre estudiantes de toda España, con respuestas a preguntas de Física, Ciencias Naturales, Historia o Lengua cuyo acierto se convertía en canastas y puntos, varias generaciones de españolitos mostraban al país el resultado de sus esfuerzos escolares. En realidad se trataba de un canto a la meritocracia y a la dedicación al estudio. En pabellones deportivos reconvertidos en platós de televisión, con una iconografía relativa al mundo del basket, el concurso lo dirigía el carismático presentador Daniel Vindel.
Este programa de televisión tuvo un importante componente sociológico. Al fin y al cabo, con él entraba en juego el prestigio de los centros educativos participantes. Los pitagorines que componían los equipos competían por dejar lo más alto posible el pabellón de sus respectivos colegios e institutos. Fue éste, además, un espacio que dejó una profunda huella en la memoria colectiva de aquel tiempo de televisión. Podríamos considerarlo, aun siendo desconocido para muchas generaciones posteriores, el germen de tantos otros concursos basados en los saberes más o menos enciclopédicos de los participantes.
Los cromos de Vida y Color y Cesta y Puntos son, entre otros, algunos de los leitmotiv que marcaron aquellos años de la niñez.
Entonces la comunicación se daba cara a cara, sin pantallas de por medio, intercambiando esos
mismos cromos que con tanta emoción comprábamos, jugando al "churro,
mediamanga, mangotero", comiendo los vinagrillos que crecían en los
múltiples solares sin edificar que te encontrabas por la ciudad...
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