7-Un domingo de invierno
Mañana de domingo. Mucho frío y cielos azules con alguna nube más blanca que el algodón. Después de misa, en la Glorieta, bajo el sol del invierno, un fotógrafo profesional saca instantáneas en las que aparece un niño con una pelota y un gorro mientras sus padres, endomingados con sus mejores galas, lo contemplan arrobados. Ese niño (podría ser yo mismo) ya ha pasado antes por el kiosco y se ha provisto de los tebeos semanales (El Jabato, Pulgarcito, DDT, Pumby...), de chicles bazooka, brea y algunos cromos de Vida y Color.
Después
del aperitivo en el Club Remo, con bolito incluido, los pasos familiares se
encaminan a la Plaza de las Flores, hacia un histórico obrador que proveerá a
los paseantes de muy sabrosos pasteles de carne, merengues de café y dulces de tocino de
cielo.
Luego,
tras la comida familiar, el padre, junto a su peña de amigos, formará parte de
la multitud que se acerca a la vieja Condomina para animar al Real Murcia, en
medio del clamor de los aficionados, los sonidos del transistor conectando con
el Carrusel Deportivo y el inconfundible aroma de los puros.
No
será raro entonces que José Luis Borja evite algún gol tras una espectacular
palomita o que Colom cabecee a la red algún centro de Juan Antonio. Todavía viste pantalón azul el equipo pimentonero. Lo cambiará por el blanco como equipación oficial algunos años después.
Mientras tanto, el niño pasa la tarde en casa jugando a los botones con los primos y leyendo tebeos, después de que Herta Frankel, Franz
Johan y Gustavo Re amenizaran la sobremesa.
Los Juegos Reunidos Geyper también han contribuido no poco en ahuyentar el tedio infantil en esas horas dominicales acechadas ya por la sombra del lunes.
Ya casi anocheciendo, el padre de familia regresará a casa y mientras
cuelga la gabardina en el recibidor, se sacará de los bolsillos unas
chocolatinas para los pequeños.
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