26- El ojo clínico del doctor don José Salvat
(Esto, lo de los rayos X, nos llevaría a una digresión bastante larga. Baste decir que esta técnica de diagnóstico estaba incorporada en la mayoría de las consultas privadas de la época; la costumbre, entonces, era utilizarla a la mínima tosecilla que uno tuviera. “Quítate la medalla y quédate en camiseta sport”, nos solían decir. En los primeros años del bachillerato, con una periodicidad anual pasábamos un reconocimiento médico en el que nos hacían a todos los niños una radiografía del pecho. Allí montaban el chiringuito los sanitarios contratados por el colegio y comenzaban a tirar placas a diestro y siniestro. No se veían entonces muchos petos emplomados...)
Pero
don José Salvat Quetglas, por otra parte, tenía un ojo clínico portentoso que le
ahorraba en la mayoría de las ocasiones la utilización de los rayos X. Muy serio y amable a la vez, tenía
una sagacidad fuera de lo común. Siempre acertaba. En alguna ocasión, ante la
preocupación de mis padres por alguna dolencia nuestra algo más seria de lo
normal, sentenciaba el diagnóstico con una precisión matemática. “Tendrá mucha
fiebre durante 4 o 5 días y al sexto estará restablecido”. Y vaya que si se
cumplían sus predicciones. Inspiraba una confianza absoluta.
Tras
la consulta con don José Salvat, uno de los rituales clásicos de nuestra
infancia, tocaba acercarse a la farmacia Sandoval a por las especialidades
farmacéuticas prescritas, entre las que sin duda alguna había siempre algún
inyectable que auguraba la temida visita del practicante. Pero eso
ya es material para el siguiente capítulo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario