29- De colmados y ultramarinos
Poco
a poco despuntaban también los establecimientos que intentaban satisfacer las
apetencias de los clientes más exquisitos.
Y
había, entre ellos, tiendas de comestibles con solera, de tradición familiar,
cercanas, exponentes de una Murcia que oteaba ya modernidades pero que todavía
anclaba muchos paradigmas en tiempos pretéritos. Se daba el trato próximo, la
confianza, la comunicación: hablamos de negocios gestionados por avezados
menestrales del comercio al por menor que intuían los gustos del cliente y
trataban de satisfacerlos con eficacia.
Digno
era de ver el impecable corte de los excelentes ibéricos que atestaban los
mostradores, lejos de los hiperprocesados y plastificados actuales. Qué decir
del despliegue de quesos de toda naturaleza y origen, de los selectos patés,
parientes ricos del humilde foie-grass de los bocadillos del recreo, de las
latas de los más elitistas frutos del mar, del novedoso huevo hilado que
colonizaba toda mesa navideña que se preciara… Podemos hablar de auténtica
excelencia a la hora de surtir a la clientela de productos que generaban
unanimidades y convencidas aceptaciones entre los paladares más exigentes. En
aquella sociedad nada globalizada comenzaban a aparecer delicatessen
prestigiadas por el marchamo que les daba su condición de artículos
importados.
La
sabia recomendación de exquisiteces, la solvencia a la hora de buscar
proveedores para los artículos de mayor calidad, la eficacia para llevar al
escaparate los productos más exclusivos, todo ello nos hablaba de una actividad
llevada a cabo desde la vocación y el conocimiento. No puedo dejar de acordarme
aquí de Sánchez-Pedreño, de La Fonda Negra y de algún otro establecimiento
donde se apostaba también por lo más escogido.
Eran
comercios que perduraban a través de generaciones, de dinastías dedicadas al
noble oficio de proveer de comestibles a los vecinos de aquellas épocas. Pero
esa tradición se perdió con la llegada de las grandes superficies y el
desembarco de fondos de capital en el negocio de la alimentación.
Era
otra batalla perdida por el pequeño y entrañable comercio murciano.
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