35- La Torre de la Horadada
La
Torre de la Horadada que conservo en el disco duro de mi memoria ya no existe.
Playas semisalvajes de aguas cristalinas separadas por rocas con hábitats
plenos de pulpos, meros, cangrejos, erizos y morenas, calles de tierra sin
asfaltar, noches sin alumbrado público con cielos estrellados, tormentas de
verano que fundían la precaria luz de las casas mientras asistíamos con velas
al apocalipsis de truenos y relámpagos con el rumor del oleaje de fondo, la
calma del mar y el cielo azul de la mañana siguiente… Os juro que no lo soñé.
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