viernes, 16 de enero de 2026

53- El bar La Viña

 53- Charles de Gaulle en el bar La Viña

 Se ubicaba en la calle Montijo, cercana a  Trapería, y era una de las tascas más emblemáticas de aquella Murcia de nuestros años jóvenes. Todavía recuerdo al camarero, muy alto, grande y desgarbado, con el pelo blanco y una chaquetilla del mismo color, un hombre ya mayor que con aparente lentitud, mas con eficiencia, casi con solemnidad, atendía las mesas. Parecía como si Charles De Gaulle hubiera dejado temporalmente sus graves y trascendentales quehaceres al frente de la V República Francesa para servir vinos a unos barbudos con trenka y gafas de pasta pertrechados de apuntes de derecho y de química.  

Pero resulta que ese trasunto del general francés se llamaba en realidad Francisco Izquierdo  Manresa, Paco el de la Viña, un histórico dentro del mundillo de los bares murcianos, un hombre metódico cuyo local sólo cerraba un día en todo el año, el de la Romería de la Fuensanta. 

 Lugar que fue testigo de transiciones sociológicas importantes, yo conocí el bar La Viña en mi primera juventud, cuando venían tiempos nuevos e ilusionantes que tenían como banda sonora de fondo la canción "Libertad sin ira" del grupo andaluz Jarcha.

 Sí, era una de aquellas tascas que animaban el ambiente estudiantil de los 70, aquellos años de cambio y de fe en el futuro, cuando teníamos toda la vida por delante y todo parecía posible.

 Junto con La Cosechera, otro histórico de los bares,  enlazaba la antigua tradición de las tabernas de toda la vida con las nuevas  tascas que comenzaban a colonizar los aledaños del Campus universitario de la Merced, como  El Paleto, El Candil, La Taberna, El Cuervo, El Patio, etc. Pronto esa zona más o menos aledaña a las Facultades de Derecho, Química y Filosofía y Letras comenzó a cobrar una animada vida nocturna desconocida hasta ese momento. Entre jalufos, quesos, sobrasadas a la plancha y jarras de vino se comentaban las películas de Ingmar Bergman, se leía Cambio 16 y se alternaba después de clase. Los fines de semana constituían el punto de partida para iniciar recorridos que  llevaban luego, en la alta noche, hacia los incipientes y novedosos locales de copas.


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