miércoles, 11 de febrero de 2026

41- "Summertime girl" de Los Íberos

 41- "Summertime girl" de Los Íberos

 Las canciones son como la magdalena de Proust, algo dicho ya en estas páginas. Así, hay melodías que van quedando olvidadas  en algún recoveco  de la memoria, duermen allí el sueño de los justos y cuando siglos después  las vuelves a escuchar casualmente, afloran de pronto escenas de tu vida pasada que a estas alturas parecen más soñadas que vividas. Se revelan sencillos detalles de tu pasado que no solo no recordabas sino que ya no imaginabas que existieran. Algo así he experimentado al volver a escuchar Summertime Girl de Los Íberos. Nada más sonar los primeros acordes de guitarra, inconfundibles, se me ha dibujado la escena del guateque veraniego en el patio de un amigo de la pandilla, patio típico de aquellas casas antiguas que había en la Torre de la Horadada cuando aterrizaban los primeros veraneantes. Si cierro los ojos mientras suena esa introducción guitarrera puedo ver a las chicas sentadas y hablando entre ellas, dirigiéndonos alguna mirada furtiva, cuchicheando alguna confidencia apagada por la risa. Era este un tema para bailar suelto, con ese estilo de la época en que se movían los brazos en ángulo recto, con un suave vaivén, hacia adelante y hacia atrás, que permitía sumarse al baile a los más torpes y patosos. Aún puedo visualizar los momentos previos al giro del tocadiscos, a 45 r.p.m., pues era un single, mientras  sacaba de su funda el vinilo y lo colocaba en el plato. "Mirad qué canción más chula". 

 Cantar este tema en inglés daba un cierto toque de modernidad, una pátina de internacionalismo que marcaba la diferencia con otras formaciones musicales de la época. Summertime girl sonaba en los guateques y dentro del pop patrio destacaba como una forma de aportar calidad a la música comercial.  Los Íberos tenían otro tema mucho más conocido, Las tres de la noche han dado, que tuvo mucho éxito  y supongo que será el que más se recuerde.

También Los Canarios cantaban en inglés. Get on your kness sonaba mucho en aquellos años. Otra apuesta total por la modernidad, con esa sección de viento que le daba un toque soul, tan en boga por aquel entonces. Otro tema asociado a esos veranos tan auténticos de calles sin asfaltar y sin alumbrado público, con calas desiertas y vuelo de birlochas por las tardes.

Ahora, al rescatar mediante internet  canciones de aquellos lejanos años, algunas vivencias antiguas supuestamente amortizadas y desaparecidas de la memoria regresan cuando ya no las esperabas. Vuelvo a oír María Isabel de los Payos y revivo una luminosa mañana veraniega camino de la playa, con mariposas en el estómago porque el baño era una oportunidad, casi la única, para ver durante un buen rato a la hermana mayor de una amiga de mi hermana de quien estaba enamorado platónicamente, claro, yo con doce y ella con catorce años. "Coge tu sombrero y póntelo, vamos a la playa calienta el sol..."

Hay una canción de Los Bravos, Al ponerse el sol, cuya recuperación actual me traslada al porche del chalet Zarauz de mi amigo de aquellos veranos Pepito Alarcón Soler, frente a la Pancheta y al distribuidor de butano en la Torre de la Horadada. Escrutábamos con lupa un momento muy fugaz de la grabación en que parecía que el cantante soltaba un inocente taco, algo muy transgresor para unos críos de once o doce años. "Pero al ponerse el sol (...) estás como para parar un tren, al ponerse el sol...".  Nunca terminábamos de estar convencidos del todo de si lo decía o no, con tan poca nitidez se escuchaba. En la parte trasera de ese chalet recuerdo, ya anocheciendo, alguno de los primerísimos guateques y una canción para los lentos, "Para verte reír", la cara B de Anduriña de Juan y Junior, mucho más popular.

 También ejerce su pequeña función memorialística La lluvia de Gigliola Cinquetti, asociada a algún deambular por las calles desiertas del mes de septiembre, cuando comenzaban a desertar de la playa los veraneantes y por la noche empezaba a refrescar. Esa canción expresaba muy bien aquella sensación inconfundible del fin del verano, cuando ya se intuían los días otoñales y la vuelta a clase. 

Toda esa música  levanta acta de unos años que regresan al cabo de mucho tiempo, mientras uno avanza hacia la línea de sombra.



 

 

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