miércoles, 11 de febrero de 2026

42- Aquellos cuatro joviales muchachos de Liverpool

 42- Aquellos cuatro joviales muchachos de Liverpool

 Estás de suerte, muchacho, ¡Ella te ama! ¡She loves you! ¡¡Sí, sí!! ¡Yes, yes! ¿Puede haber mayor felicidad? Había nacido lo ye-yé y además, en el cielo estaba Lucy con diamantes mientras  el padre McKenzie escribía su sermón y un submarino amarillo navegaba majestuoso por encima de las azoteas de Liverpool. 

 ¿Cómo se te ocurre aparcar tu Volkswagen encima de la acera junto a un paso cebra? Y encima, por aquí viene la encantadora Rita, lovely como ella sola, con un ticket en la mano. Mas no te preocupes, tal vez te dirá que todo lo que necesitas es amor y quizá te perdone la multa. 

Eran los 60 y una trompeta piccolo muy utilizada en los conciertos barrocos nos situaba en los lugares de la infancia de aquellos chavales que revolucionaron la música de su tiempo. Y los "campos de fresas" eran también para siempre. 

Yo crecí cuando en la radio sonaban los temas de esos cuatro melenudos  que tocaban guitarras eléctricas, vestían trajes con corbatas de nudos diminutos y se inclinaban reverencialmente ante el público tras cada canción. Como la beatlemanía, algo atenuada en la España de entonces,  coincide con mis 6 o 7 años, esa música la llevo incorporada en el disco duro de la memoria desde siempre y no puedo hablar de un antes o un después, no puedo enmarcar su descubrimiento en un momento concreto. Las composiciones  de estos "scousers" eran como el sonido de fondo de aquel tiempo. Era algo que rompía con la música almibarada de los cantantes melódicos y anticipaba un cierto corte generacional. La juventud comenzaba a ser un sujeto con una gran capacidad de consumo. Su rebeldía sería asimilada por el sistema.

Luego, al final de la niñez y comienzos de la adolescencia reparé en la grandeza de esa  música que sonaba ya como parte del paisaje, algo tan familiar y de toda la vida que pasaba inadvertido, se daba por descontado. Los Beatles  tenían auténticas obras maestras y entonces comenzaba a descubrirlas y a valorarlas. Por eso puedo rememorar ahora escenas de mis 12 o 13 años en Ritmo o en la sección de discos de La Alegría de la Huerta revisando con detenimiento los vinilos del cuarteto de Liverpool. Así, en Tercero de Bachiller me hice del recién publicado Abbey Road en cassette. El magnetófono Philips echaba humo de tantas veces como escuchábamos en casa Come together, Something o Here comes the sun. La siguiente adquisición fue Help!, más tarde Rouber Soul, y de esa manera, poco a poco, fui profundizando en la discografía mas determinante del siglo XX, dicho sea esto último sin ninguna intención sensacionalista pues refleja simplemente la realidad.

La prueba es que aquella música que rompió los límites de la industria discográfica hace 60 años sigue vigente en el actual mundo digital y emerge en las redes sociales con veinteañeros convertidos en auténticos eruditos de la beatlemanía, en estudiosos de las canciones que apasionaban a sus abuelos.

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