46- Carrusel Deportivo por el Puerto de la Cadena
"Anís Castellana, su presencia siempre agrada". En ese momento Vicente Marco daba la entrada a Juan de Toro, que tenía al otro lado del teléfono a una señora agobiada porque no acertaba a contestar una pregunta por la que se podría ganar algún dinerillo; hasta que el simpático locutor se respondía a si mismo a base de pistas facilísimas, con lo que la buena mujer se llevaba el premio al final diciendo que era blanco el caballo blanco de Santiago.
Pero la acción del programa era trepidante y, tras un pitido entrecortado, el corresponsal pedía paso desde Altabix para anunciar un gol de Vavá a centro de Canós, después de un robo de balón de Llompart en el centro del campo.
En
la Condomina, mientras tanto, durante el descanso, un vendedor ambulante de
gaseosas hacía su agosto por las gradas y la gente consultaba el Marcador Simultáneo Dardo.
Y más, mucho más: el gran locutor Pepe Bermejo ponderaba elogiosamente la labor defensiva de Glaría en el Manzanares. Además, Madinabeitia no había tenido mucho trabajo desde el gol de golpe franco de Luis, ya que el Atlético dominaba la situación. Esa mañana, Potele y Felines habían hecho las delicias de los vallecanos.
Al mismo tiempo, en
algún embarrado campo del norte, Zunzunegui le cedía el esférico a Junquera.
Los blancos se habían replegado tras el gol de Amancio con caracoleo
previo.
Y
en cierto palco de un equipo de mitad de la tabla, el presidente visitante
Vilà-Reyes se encendía un puro mientras observaba con satisfacción cómo
evolucionaban por el terreno de juego los "cinco delfines". Lo de
Matesa no había saltado aún.
A
la vez, en el Camp Nou, Benítez arrasaba la banda derecha como un huracán,
de banderín a banderín; nadie imaginaba lo que deparaba el destino tras una lata de mejillones (?).
Después, Rexach -tras regatear por el extremo- centraba con la pierna contraria
para que Zaldúa rematara a gol.
Lejos
de la Catedral, Fidel Uriarte marcaba de cabeza a centro de Betzuen tras un
larguísimo saque de puerta con la mano de Iríbar.
Y
frente a las costas donostiarras, una embarcación tiraba un cohete para
anunciar el gol de Silvestre tras un desborde de Urreisti por la
banda.
En
la Nova Creu Alta, mientras el pundonoroso Sertucha se ajustaba su llamativo
pañuelo en la frente, Palau combinaba con Seminario. Era la época gloriosa de
los arlequinados. Cerca de allí, Rogelio Pampols, procedente del Deportivo, desempeñaba sus buenos
oficios defendiendo la meta del Europa, en lo que se
puede considerar el mejor periodo de la historia del simpático club
catalán.
¿Y
qué decir del pundonor de Claramunt en Mestalla? Videgany había tenido una
tarde memorable y al final había marcado Forment...
A
esas alturas, el Seat 1400 familiar ya subía por el Puerto de la Cadena
camino de Murcia. Llegábamos a tiempo de ver por la tele cómo Simonet
intercambiaba banderines con el capitán del equipo rival en el Arcángel. Y
todavía estaban pendientes los deberes para las clases del lunes.
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