miércoles, 11 de febrero de 2026

47- El Brasil- Italia del México 70. Esplendor en la hierba

 47- El Brasil- Italia del México 70. Esplendor en la hierba

 Me faltaban unos meses para cumplir los 13 años cuando ante un televisor en blanco y negro, en la calle Pasos de Santiago, frente a los jardines de la Fábrica de la Pólvora de Murcia, asistí en directo al tiempo de fútbol más excelso que nos ha dejado la historia de este deporte. 

 Se trataba de la mítica final del México 70, aquel mundial donde estalló el jogo bonito canarinho, aquel esplendor en la hierba, esa sensación de alegría asociada a la belleza del juego. Fue el Brasil- Italia, de tan grato recuerdo para los que por aquel entonces comenzábamos a llevar el veneno del fútbol en la sangre. 

Los italianos habían llegado a este partido tras la épica semifinal disputada contra Alemania, aquel duelo lleno de emoción y de alternancia en el marcador sólo apto para corazones refractarios a los infartos. 

El conjunto transalpino, una banda de gladiadores que practicaban un catenaccio tremendamente resultadista, teñido de algunas gotas de estilo a cargo de Gianni Rivera, "Il bambino d'oro", del elegante Sandro Mazzola y del prodigioso extremo sardo Giggi Riva, se plantaban en el estadio con el oficio propio de quienes llevaban en su ADN los genes más competitivos que se han dado sobre un terreno de juego. 

Por su parte, los brasileiros nos traían la brisa de las playas de Ipanema en forma de gambeteo, regates milagrosos y pases al hueco trazados con escuadra y cartabón. 

Viéndolos evolucionar por el campo, con esa cadencia propia de la bossa-nova, uno se imaginaba la felicidad que describía el gran Vinicius de Moraes en sus canciones. 

El encuentro superó las expectativas. El arte venció al oficio por goleada. Pelé hacía diabluras, Rivelino tenía un cañón en su pierna zurda, Carlos Alberto era un obús por la banda derecha y hasta marcó un tanto para la historia tras un pase muy profundo del genio Pelé. 

Este encuentro explicó, por otra parte, la tradición de guardametas menesterosos que ha caracterizado a la canarinha. ¿Para qué un gran portero cuando todos los quilates del oro están en la gloria de los goles? Sí, era el "jogo bonito".

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