47- El Brasil- Italia del México 70. Esplendor en la hierba
Se trataba de la mítica final del México 70,
aquel mundial donde estalló el jogo bonito canarinho, aquel
esplendor en la hierba, esa sensación de alegría asociada a la belleza del
juego. Fue el Brasil- Italia, de tan grato recuerdo para los que por aquel
entonces comenzábamos a llevar el veneno del fútbol en la sangre.
Los
italianos habían llegado a este partido tras la épica semifinal disputada
contra Alemania, aquel duelo lleno de emoción y de alternancia en el marcador
sólo apto para corazones refractarios a los infartos.
El
conjunto transalpino, una banda de gladiadores que practicaban un catenaccio
tremendamente resultadista, teñido de algunas gotas de estilo a cargo de Gianni
Rivera, "Il bambino d'oro", del elegante Sandro Mazzola y del
prodigioso extremo sardo Giggi Riva, se plantaban en el estadio con el oficio
propio de quienes llevaban en su ADN los genes más competitivos que se han dado
sobre un terreno de juego.
Por
su parte, los brasileiros nos traían la brisa de las playas de Ipanema en forma
de gambeteo, regates milagrosos y pases al hueco trazados con escuadra y
cartabón.
Viéndolos
evolucionar por el campo, con esa cadencia propia de la bossa-nova, uno se
imaginaba la felicidad que describía el gran Vinicius de Moraes en sus
canciones.
El
encuentro superó las expectativas. El arte venció al oficio por goleada. Pelé
hacía diabluras, Rivelino tenía un cañón en su pierna zurda, Carlos Alberto era
un obús por la banda derecha y hasta marcó un tanto para la historia tras un
pase muy profundo del genio Pelé.
Este
encuentro explicó, por otra parte, la tradición de guardametas menesterosos que
ha caracterizado a la canarinha. ¿Para qué un gran portero cuando todos los
quilates del oro están en la gloria de los goles? Sí, era el "jogo
bonito".
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