miércoles, 11 de febrero de 2026

52- Un jefe de estación con pito

 52- Un jefe de estación con pito

 Había un bar en Murcia donde ponían una tapa que se llamaba "jefe de estación". Cuando llevábamos a algún amigo que no sabía de qué iba la cosa, lo mirábamos de reojo mientras con cierta complicidad le decíamos al camarero:

-Cuatro "jefes de estación" y uno de ellos con "pito".

-Marchando -contestaba el otro, con cara de haber comprendido.

 Supongo que se trataba de que el colega incauto tuviera que pedir rápidamente una caña bien fría para sofocar algún exceso de picante, mientras que los demás nos tronchábamos...,

 Eran los bares, entrañables bares que jalonaban itinerarios urbanos recorridos a diario por los repartidores de barriles de cerveza, con las tapas característica de cada uno de ellos espléndidamente expuesta en sus barras y una sintonía inquebrantable con sus parroquianos. Artesanales tapas procedentes de recetas más o menos familiares que incidían en la idiosincrasia de cada calle, que daban un toque popular y agitaban la vida social de aquellos barrios.

 Nosotros, adolescentes que acabábamos de dejar atrás la infancia, ya no entrábamos en esos locales acompañados de nuestros padres. Atrás quedaban las mirindas y los bolitos dominicales después de misa. Ahora descubríamos por nuestra cuenta, junto a nuestros amigos, el inocente punto de transgresión que suponía tomar unas cañas por primera vez sin la presencia paterna. Había todo un circuito en la ciudad, punteado de barras de bar, que llevaba hacia el plano del tesoro, un tesoro que posiblemente seguimos buscando inconscientemente a estas alturas.

 El Desvío, La Tapa, el Rhin, el 42, el Bernardo, el Círculo Azul, Los Pequeños, Los Navarros, Los Zagales, el Levante y muchos, muchos más que se quedan en el tintero, eran el escenario de nuestros pequeños descubrimientos en aquel mundo que fomentaba la camaradería juvenil ante unas cañas de cerveza, en una Murcia que ya no existe.

Por cierto, y para que conste en acta, esos jefes de estación, con y sin pito, se podían degustar en el bar de Paco el del Desvío, en la esquina de la calle del Pilar con la Plaza San Julián. 

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