52- Un jefe de estación con pito
-Cuatro
"jefes de estación" y uno de ellos con "pito".
-Marchando
-contestaba el otro, con cara de haber comprendido.
Supongo
que se trataba de que el colega incauto tuviera que pedir rápidamente una caña
bien fría para sofocar algún exceso de picante, mientras que los demás nos
tronchábamos...,
Eran los bares, entrañables bares que jalonaban itinerarios urbanos recorridos a diario por los repartidores de barriles de cerveza, con las tapas característica de cada uno de ellos espléndidamente expuesta en sus barras y una sintonía inquebrantable con sus parroquianos. Artesanales tapas procedentes de recetas más o menos familiares que incidían en la idiosincrasia de cada calle, que daban un toque popular y agitaban la vida social de aquellos barrios.
Nosotros, adolescentes que acabábamos de dejar
atrás la infancia, ya no entrábamos en esos locales acompañados de nuestros
padres. Atrás quedaban las mirindas y los bolitos dominicales después de misa. Ahora
descubríamos por nuestra cuenta, junto a nuestros amigos, el inocente punto de
transgresión que suponía tomar unas cañas por primera vez sin la presencia
paterna. Había todo un circuito en la ciudad, punteado de barras de bar, que
llevaba hacia el plano del tesoro, un tesoro que posiblemente seguimos buscando
inconscientemente a estas alturas.
El Desvío, La Tapa, el Rhin, el 42, el
Bernardo, el Círculo Azul, Los Pequeños, Los Navarros, Los Zagales, el Levante
y muchos, muchos más que se quedan en el tintero, eran el escenario de nuestros pequeños descubrimientos en
aquel mundo que fomentaba la camaradería juvenil ante unas cañas de cerveza, en una Murcia que ya no existe.
Por cierto, y para que conste en acta, esos jefes de estación, con y sin pito, se podían degustar en el bar de Paco el del Desvío, en la esquina de la calle del Pilar con la Plaza San Julián.
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