83- Aquellas discotecas
Al
mismo tiempo que íbamos dejando atrás la adolescencia surgían esos templos
nocturnos del ocio a los que accedíamos, todavía con el pelo de la
dehesa, sintiendo que había en ellos algo de transgresión y de
modernidad, cuando alargaban la noche hasta extremos desconocidos por nosotros en medio de cubalibres, luces estroboscópicas, esferas
giratorias con muchos destellos brillantes, y muchachas en flor que se movían
en la pista de baile y nos hacían imaginar un fin de velada lleno de alicientes
y emociones mayores. Aunque normalmente volvíamos solos a casa a altas horas de
la madrugada.
Esas experiencias nocturnas las vivías en una dimensión desde la que procesabas aspectos de la vida cotidiana con una perspectiva nueva. Se trataba de un escape que te liberaba de las tensiones acumuladas a lo largo de la semana. En medio de aquellos estados catárticos generados por el trasiego de Larios-cola y asociados a la contemplación de hermosas muchachas, era más fácil relativizar los contratiempos del día a día, los dramas de juguete que te surgían con los estudios o el trabajo.
Nombres
que hoy nos suenan legendarios, perdidos en la noche de los tiempos, nunca
mejor dicho, diseñan el plano de nuestras primeras aventuras juveniles, de
nuestros primeros lances amorosos en aquellos años en que no había móviles ni
se organizaban botellones, por lo que había que retratarse, dar la cara y
entrarles a las chicas por derecho, pidiéndoles fuego en la barra cuando les
servían un San Francisco mientras sonaba Ríos de Babilonia de Boney M.
Momo,
Nixon, Cooper, Ditirambo, la Carroza, Barbus y otras que me dejo en el tintero
fueron testigos de algunos inicios de noviazgo que ahora recordarán con
nostalgia gentes que ya pertenecen a las clases pasivas. Porque aunque parezca
mentira, fuimos jóvenes y en medio del ruido de la música y de las luces,
sosteniendo un cubata y fumando, le hablábamos a algún colega de la preciosidad
que bailaba en la pista y del plan que teníamos para entrarle esa misma noche.
Y a lo mejor esa preciosidad que bailaba y te miraba haciéndose la despistada
está ahora en la cocina hablando con vuestra hija y vuestros nietos.
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