martes, 17 de marzo de 2026

83- Cubalibres y sanfranciscos: aquellas discotecas

 83- Aquellas discotecas

 El ocio nocturno de los 70 coincidió con nuestras primeras y trasnochadoras salidas juveniles, en horarios que poco tiempo atrás habrían sido totalmente intempestivos para nosotros y para nuestras familias. Pero la vida pasaba rápido y poco a poco íbamos estrenando pequeñas parcelas de libertad. Recuerdo las primeras nocheviejas celebradas fuera de casa, sin hora límite para recogernos, con esa sensación de que entrábamos en una época nueva y nos hacíamos adultos sin tenerlo aún muy claro.

Al mismo tiempo que íbamos dejando atrás la adolescencia surgían esos templos nocturnos del ocio a los que accedíamos, todavía con el pelo de la dehesa,  sintiendo que había en ellos algo de transgresión y de modernidad, cuando alargaban la noche hasta extremos desconocidos por nosotros en medio de cubalibres, luces estroboscópicas, esferas giratorias con muchos destellos brillantes, y muchachas en flor que se movían en la pista de baile y nos hacían imaginar un fin de velada lleno de alicientes y emociones mayores. Aunque normalmente volvíamos solos a casa a altas horas de la madrugada. 

Esas experiencias nocturnas las vivías en una dimensión desde la que procesabas aspectos de la vida cotidiana con una perspectiva nueva. Se trataba de un escape que te liberaba de las tensiones acumuladas a lo largo de la semana.  En medio de aquellos estados catárticos generados por el trasiego de Larios-cola y asociados a la contemplación de hermosas muchachas, era más fácil relativizar los contratiempos del día a día, los dramas de juguete que te surgían con los estudios o el trabajo. 

Nombres que hoy nos suenan legendarios, perdidos en la noche de los tiempos, nunca mejor dicho, diseñan el plano de nuestras primeras aventuras juveniles, de nuestros primeros lances amorosos en aquellos años en que no había móviles ni se organizaban botellones, por lo que había que retratarse, dar la cara y entrarles a las chicas por derecho, pidiéndoles fuego en la barra cuando les servían un San Francisco mientras sonaba Ríos de Babilonia de Boney M. 

Momo, Nixon, Cooper, Ditirambo, la Carroza, Barbus y otras que me dejo en el tintero fueron testigos de algunos inicios de noviazgo que ahora recordarán con nostalgia gentes que ya pertenecen a las clases pasivas. Porque aunque parezca mentira, fuimos jóvenes y en medio del ruido de la música y de las luces, sosteniendo un cubata y fumando, le hablábamos a algún colega de la preciosidad que bailaba en la pista y del plan que teníamos para entrarle esa misma noche. Y a lo mejor esa preciosidad que bailaba y te miraba haciéndose la despistada está ahora en la cocina hablando con vuestra hija y vuestros nietos.

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