82- "Se lava... se cuelga... y se pone"
Pero
estamos a primeros de los 60, unos años en que la modernidad parecía llamar de
súbito a nuestra puerta bajo la apariencia de los avances tecnológicos. Así,
mientras los electrodomésticos desembarcaban en los hogares, en la industria
textil se abría paso la fibra sintética.
"Se
lava... se cuelga... y se pone". Tal era el descriptivo eslogan
publicitario de Tervilor, otro tejido fabricado a partir de polímeros
que competía por su cuota de mercado con la marca Tergal. Y de Holanda llegaba
Terlenka, más poliester tratado para optimizar este tipo de productos
textiles.
Además
de las ventajas de la ausencia de planchado, se trataba de obtener también la
máxima transpiración, dentro de lo posible, sabiendo de antemano que esa
batalla la tenía ganada a priori la fibra natural. Quizá era ese el punto débil
de los nuevos materiales.
Los
tejidos sintéticos, pues, se van haciendo presentes en el día a
día de los españolitos. De Italia llegaba leacril, de Inglaterra, terilene, de
Alemania, trevira; y ya vimos que de Francia venía el tergal. Como consecuencia
de todo esto, una serie de nuevas marcas se van asentando en el mercado de las
prendas de vestir. Camisas Ike, Dresfor, Lavypon, Bayman, Etiqueta Azul,
pantalones Discovery, Rodugal... Son nombres que se van popularizando y
definen toda una época. La publicidad de aquel tiempo
aseguraba, además , que con estos nuevos tejidos dichas prendas se secaban en
una sola noche, y sin necesidad de posterior planchado. Todo apuntaba hacia una
modernidad que incidía en el modo de vestir y en la moda, con líneas juveniles
que marcaban tendencia también entre la gente de menos edad.
La
química de los polímeros proporcionará asimismo nuevos materiales susceptibles
de ser usados en otros campos distintos al del textil. Las aplicaciones del
nylon, por ejemplo, serán muy variadas. Y la polipiel sustituirá al cuero y a
la piel natural, tan extendida en multitud de artículos. A recordar el skai,
ese material utilizado en sofás, que en verano se pegaba como una ventosa a la
sudorosa piel.
El comercio local de aquellos años, libre aún del asedio de las grandes
superficies, con la excepción de las Galerías Preciados de la plaza de Cetina,
daba cumplida salida a este nuevo tipo de tejidos. Hijos de Antonio Zamora,
Tejidos Medina, Cerdán Hermanos, La Alegría de la Huerta, Rodolfo y Cervantes,
Almacenes Coy, Luis Oñate, Clemente, López-Acosta y muchos otros exponían en sus
escaparates las nuevas prendas, representativas de un tiempo en que la
arruga aún no se consideraba bella.
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