104- La promesa del Chichones
En la Murcia de mi infancia había personajes populares, de la calle, caracterizados por su merodeo fuera de los límites de lo que podríamos considerar como "normalidad". Gente extravagante, muy conspicua, alentadora de leyendas e historias sobre su pasado que en ocasiones fomentaban la curiosidad y el morbo, cuando no la ternura. La Picaporte era uno de esos seres especiales que recorría las calles y formaba parte del paisaje urbano, con su sempiterno carricoche lleno de cartones; pequeña y encorvada, silenciosa, ajena al resto de la gente y seguida de un perro, se la podía ver por toda la ciudad, siguiendo un itinerario cuya extraña lógica solo estaba en su mente.
La Dama de las basuras era otra presencia callejera que quedó integrada asimismo en la memoria de lo popular. Cargada de bolsas, siempre acompañada de su hijo, un niño al que llevaba cogido de la mano en todo momento, parece ser que estaba aquejada de un síndrome de Diógenes muy severo que la hacía acumular grandes cantidades de basura en su casa. La Roja de los Papeles también formaba parte de ese mínimo grupo de almas errantes que recorría las aceras sin rumbo fijo, gente extramuros de las mayorías normalizadas que nos hacía imaginar biografías rotas, justificadoras de existencias tan fuera del sistema.
Antonio García Jiménez, "El Chichones", fue también otro de los que habitó esa mitología murciana de outsiders conocidos y contemplados con indulgencia por la mayoría de la gente. Quien lo conoció lo describe como un ser de extremada bondad, que creía en la consigna evangélica de que los niños eran los auténticos merecedores del Reino de los Cielos. Hace unos días, repasando las hemerotecas descubrí una noticia que hacía referencia a sus muy sentidas devociones religiosas. Se refería el hecho de que al conocido personaje le había tocado el gordo de la rifa final de la Feria del año 1964, consistente en "el comedor", así como suena, sin abundar en más detalles sobre las características de dicho premio. El cual subastó, nada más recibirlo, con lo que obtuvo unas nueve mil pesetas que empleó en saldar los gastos de los funerales y la sepultura de su madre.
Y terminaba la reseña dando cuenta de la promesa hecha de subir al Santuario de La Fuensanta para dar las gracias a la Patrona, una ascensión que habría de realizar arrastrando cadenas y partiendo de la puerta de la Catedral después de la misa, no sin agradecer la presencia de quienes se acercaran a despedirlo antes de su partida.
Es sabido también que en Semana Santa se involucraba en el espíritu de la Pasión con prácticas penitenciales que no pasaban desapercibidas. Cargado con cruces pesadísimas, descalzo, tocado en alguna ocasión con una corona de espinas, se le podía ver durante el Viernes Santo acompañando a los salzillos por libre, como un verso suelto sin adscripción oficial a ninguna cofradía, pero con un sentimiento tal que parecía que caminara por la Vía Dolorosa de Jerusalén, y no por las calles de Murcia, acompañando a Jesús en su camino del Calvario. Esa condición tan llamativa de verso libre llevó a los sectores más ordenancistas de la hermandad nazarena a pedirle que dejara de procesionar con ellos. Y entonces llegó la profecía de Antonio El Chichones: mientras él no desfilara tras el Cristo doliente, no saldrían los salzillos por las calles de Murcia durante el Viernes Santo. Y lo que son las cosas, la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno no pudo comparecer con sus pasos y nazarenos por causa de la lluvia cuando llegó la primera Semana Santa tras el vaticinio del marginado penitente. Son casualidades pensaría más de uno. En primavera el tiempo es muy inestable y a veces la meteorología puede jugar malas pasadas. Pero cuando al año siguiente vino la segunda cita tras la exclusión del bueno de Antonio García Jiménez, nuevamente los imponderables de la climatología suspendieron la procesión. Más casualidades, qué otra cosa se podía decir. El tiempo va por libre y no depende de los humanos. En las alturas sabrán lo que se hacen. Pero quizá ya empezaba a circular algún tipo de leyenda entre la gente sobre el curioso acierto de los augurios de aquel personaje tan popular. Para la tercera salida, alguien tuvo a bien invitar al Chichones para que volviera acompañar a Jesús en su Pasión, desfilando como antaño con su pesada cruz y sus llamativos signos penitenciales. Y mira por donde, amaneció una mañana esplendorosa, con toda la luminosidad de una tierra tan amistada con el sol, con los cielos azules y el aire impregnado de azahar y atravesado por el sonido de las grandes trompetas de la burla y los redobles de los tambores silenciados con terciopelo. De seguro que el Eccehomo atado a la columna lanzó una mirada cómplice a Antonio que sólo pudo percibir él.
-En
la sección AIRE DE LA CALLE, firmada por JUAN IGNACIO DE IBARRA, aparecía una
pequeña columna titulada OFRENDA DE GRATITUD. En ella se glosaba la figura de
Antonio García Jiménez "conocido popular y cariñosamente por EL
CHICHONES".
En
esta crónica se refería el hecho de que al conocido personaje le había
tocado el gordo de la rifa final de la Feria, consistente en "el
comedor".
El
conocido personaje había subastado dicho premio, nada más recibirlo, con lo que
obtuvo más de nueve mil pesetas que empleó en saldar los gastos de los
funerales y la sepultura de su madre.
Y
continuaba la columna dando cuenta de la promesa hecha por EL CHICHONES de subir al Santuario de La Fuensanta para dar
las gracias a la Patrona, un periplo que habría de realizar arrastrando cadenas
y partiendo de la puerta de la Catedral después de la misa, no sin agradecer la
presencia de quienes se acercaran a despedirlo antes de su ascensión.
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