11- Murcia y el desarrollismo de la década prodigiosa
Respondía esta iniciativa pública al incipiente desarrollismo, que comenzaba a dar sus primeros frutos. El golpe de timón de los tecnócratas en los gobiernos de la dictadura durante aquella década, junto a otros factores como la emigración laboral a Europa, consiguió levantar el alicaído PIB de ejercicios anteriores en que el país estuvo al borde de la bancarrota, tras una serie de nefastas políticas económicas, tras la fallida autarquía. Se caracterizaron, pues, aquellos años, los del desembarco de los llamados "lópeces" en el gobierno, (los López Rodó, López Bravo, López de Letona, etc.), por un marcado crecimiento económico.
Muchos padres se pluriempleaban para acometer las letras generadas por la adquisición de aquellos artefactos rodantes que comenzaban a poblar las carreteras. En los terrados, las madres tendían sábanas y ropa después de restregarlas con energía en las pilas o de enjuagar algunas prendas en barreños con "azulete". Al mismo tiempo, novedosos electrodomésticos, con prestaciones impensables hasta entonces, comenzaban a hacer más agradable el día a día de los hogares.
Mientras la estructura económica de España iba evolucionando tras el fin del aislamiento internacional y los acuerdos con EEUU, todo ello sumado al descubrimiento de otro motor de crecimiento basado en el turismo (que llenaría de suecas las playas según la mitología popular; "Spain is diferent", decía el Ministerio de Información y Turismo de don Manuel Fraga Iribarne), al mismo tiempo que todo eso sucedía, yo pasaba todas las mañanas camino de clase junto a lo que para la Murcia de entonces semejaba un rascacielos, el edificio de los Nueve Pisos. Ajeno a las fluctuaciones de los mercados, con la cartera de "material" a la espalda cargada de libros de la Editorial Edelvives y la idea de conseguir en el recreo alguno de los cromos del álbum Vida y Color que más se me resistían, yo transitaba por la niñez abriendo los ojos al mundo a través de los descubrimientos propios de aquella edad. Quizá el SEAT 1.400 de mi padre y el 1.500 de mi tío formaban parte de esos hallazgos primeros, junto a aquella primitiva lavadora cilíndrica con la que mi madre hacía la colada y en la que se veía a cielo abierto el agua llena de detergente.
Sí, yo fui un niño del desarrollismo que conoció por muy poco la leche en polvo enviada por los americanos. Tras considerar a España un lugar privilegiado por su situación geoestratégica dentro del marco de la Guerra Fría, los yanquis se habían convertido en nuestros nuevos amigos.
.............
Nosotros vivíamos de lo que parecía un rascacielos para aquellos tiempos, el edificio de los Nueve Pisos, en Acisclo Díaz. Por esa calle, con la cartera de material a la espalda cargada de libros de la editorial Edelvives, pasaba yo todas las mañanas camino de los Maristas de la Sucursal con la idea de conseguir en el recreo alguno de los cromos del álbum Vida y Color que más se me resistía, ajeno por completo a cualquier contingencia socioeconómica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario