3-GRAN VÍA versus CASCO HISTÓRICO Y MONUMENTAL
Siempre he conocido Murcia con la Gran Vía concebida como arteria principal que parte en dos su casco antiguo. Así es para mí la urbe que recuerdo desde mi infancia, allá por la década de 1960.
La
vieja ciudad de la huerta, como tantas otras, mantuvo un perfil invariable durante siglos. El desarrollo de las poblaciones siempre se ha armonizado históricamente
con su modelo económico y productivo. Durante mucho tiempo su crecimiento,
anárquico y mínimo, no respondía a plan urbanístico alguno que hubiera sido
diseñado por las diferentes administraciones. Ese solía ser el proceso habitual
en la mayoría de las urbes.
En
el siglo XIX, ciudades con más auge y potencial económico comienzan a
planificar ordenadamente su expansión, cobrando carta de naturaleza el concepto
de ensanche. Los poderes públicos diseñan esas nuevas extensiones urbanas con
amplias avenidas y edificios más aptos para la salubridad y la higiene. No
sucedió así con nuestra población.
En
Murcia, es a principios del XX cuando se comienza a plantear la necesidad de un
proyecto que propicie el desarrollo de la ciudad y que redunde en la mejora de
sus aspectos sanitarios y sociales.
En
los años 20, el arquitecto César Cort diseña un plan que no se terminará
llevando a cabo. Se habla ya en él de trazar rondas alrededor de la urbe para
mejorar los accesos y de hendir ésta con una arteria que vaya de norte sur.
Desde el Arenal y el Puente Viejo hasta la Estación de Caravaca.
Será
el arquitecto madrileño Gaspar Blein Zaragoza, técnico municipal del
Ayuntamiento de Murcia antes y después de la guerra, quien actualizará el plan
Cort en los 50. Ya en los años 30, por cierto, había elaborado el proyecto del
histórico edificio Coy, donde más tarde estuvieron el cine y los almacenes de
su mismo nombre.
El
plan Blein encontró cierta resistencia, resuelta por la administración con la
desestimación de las alegaciones que consideraban traumática la ruptura de un
entorno histórico tan valioso. Y eso que estas reivindicaciones no provocaban
entonces la actual sensibilización social.
Por
el contrario, se consideraba que el desarrollo económico iba ligado a esa
apertura vial que propiciaría un fácil acceso automovilístico a negocios,
empresas, bancos y comercios.
Había
un espinoso último asunto a resolver. El nuevo trazado pasaba por los Baños
Árabes, declarado monumento nacional. El plan de Blein había intentado resolver
esta cuestión desdoblando el itinerario a su paso, que se volvía a unificar
tras rodear las históricas ruinas.
Por
lo visto, alguien pensó en economizar el presupuesto obviando dicho
desdoblamiento. Y así, con nocturnidad y, por lo que se vio luego, de manera
impune, se procedió rápidamente a la demolición del monumento, en una política
de hechos consumados. Técnicamente se había cometido un delito, pero la
situación de entonces era muy propicia para echar tierra sobre éste y otros
asuntos y mirar para otro lado. Lamentablemente, así sucedían las cosas por aquí.
La
Murcia que yo he conocido de siempre, la luminosa y hospitalaria ciudad, es la
de la amplia y despejada Gran Vía. De allí proceden mis recuerdos más
entrañables, de esa avenida tan vital y moderna que proyectaba futuro y
espacios abiertos. Yo crecí desconociendo que esa magnífica arteria había supuesto la muerte de la esencia más pura de Mursiya, la que ahora
cumple 1.200 años. Ahora lo considero una tragedia irreparable y un escamoteo
de lo mejor que teníamos los murcianos. Nadie nos podrá resarcir del gran
expolio de nuestro patrimonio cultural, de tantos monumentos destruidos, de la
dilapidación de lo mejor de nuestra herencia histórica a manos de unos ineptos
y unos irresponsables.
Pero también pienso que ya no tiene solución y que, además, gran parte de mis recuerdos de infancia y juventud tienen a la Gran Vía como paisaje de fondo. Ese fue el entorno en el que muchos de nosotros crecimos y abrimos los ojos al mundo.
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