martes, 23 de diciembre de 2025

9- FOTOS ORGA

 9- FOTOS ORGA

 Accedías a un portal de la calle Pascual, la que va desde la Plaza de Santa Catalina hasta Jara Carrillo, subías unos escalones hasta un rellano a la altura de un entresuelo, seguías hacia la derecha y entrabas en el estudio fotográfico Orga, de los hermanos Ortega Garzón. Son recuerdos que se pierden en la noche de los tiempos porque allí me hicieron las primeras fotos de mi vida, de bebé, como era costumbre por aquel entonces. 

En una estancia sólo iluminada por focos, con unos densos cortinajes oscuros, de color granate según mi incierta memoria, y con los ventanales cerrados, un fotógrafo bajito y muy amable desplegaba con sabiduría su oficio, modulaba las luces, dirigía discretamente el posado del protagonista o protagonistas del retrato y te emplazaba en unos días para recoger su obra. 

Fotos de boda, de Comunión, primeras imágenes de la vida de los niños posando con una pelota, con un balandro en miniatura, con muñecas en el caso de las niñas, con infantiles palas y cubos playeros, sonriendo ante las cucamonas de los arrobados padres, instantáneas de novios, de hijos, dedicadas a sus amados progenitores, de jóvenes reclutas, de bellas prometidas para sus enamorados, impresiones en cartulina como recordatorios de un momento en fuga, irrepetible... Cuánta historia dormida en sus miles de negativos. En ellos late la crónica silenciosa de aquella Murcia. 

El material que te entregaban al cabo de unos días, delicado y de impecable presentación, levantaba acta, de forma valiosa, de un tiempo de tu vida que quedaba archivado para siempre en los cajones nobles del hogar. 

Eran años aquellos en que las fotografías se valoraban como un legado de la historia familiar, imágenes que se guardaban como la caja negra de la memoria de los que vivían bajo un mismo techo, de los primos y tíos, de los lugares más frecuentados. Era una forma de luchar contra la fugacidad del tiempo. Recuerdos en blanco y negro de excursiones, de veranos en playas de la niñez, de paradas en alguna venta para que se enfriara el motor del seiscientos tras subir el Puerto de la Cadena...

Nada se podía igualar a la emoción de recoger las fotos, días después de haber dejado los negativos, tras jornadas de espera elucubrando sobre el resultado de aquellos clics en la Kodak. Y no tenía precio el aliciente de llegar a casa para compartir con la familia la evocación de aquellos momentos, de aquel tiempo detenido para siempre en imágenes. Sabíamos asumir la espera sin la neurosis de la inmediatez actual. 

Estudios Orga, memoria de una Murcia que solo va quedando en nuestro recuerdo. 

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