9- FOTOS ORGA
En
una estancia sólo iluminada por focos, con unos densos cortinajes oscuros, de
color granate según mi incierta memoria, y con los ventanales cerrados, un
fotógrafo bajito y muy amable desplegaba con sabiduría su oficio, modulaba las
luces, dirigía discretamente el posado del protagonista o protagonistas del
retrato y te emplazaba en unos días para recoger su obra.
Fotos
de boda, de Comunión, primeras imágenes de la vida de los niños posando con una
pelota, con un balandro en miniatura, con muñecas en el caso de las niñas, con
infantiles palas y cubos playeros, sonriendo ante las cucamonas de los
arrobados padres, instantáneas de novios, de hijos, dedicadas a sus amados
progenitores, de jóvenes reclutas, de bellas prometidas para sus enamorados,
impresiones en cartulina como recordatorios de un momento en fuga,
irrepetible... Cuánta historia dormida en sus miles de negativos. En ellos late
la crónica silenciosa de aquella Murcia.
El
material que te entregaban al cabo de unos días, delicado y de impecable
presentación, levantaba acta, de forma valiosa, de un tiempo de tu vida que
quedaba archivado para siempre en los cajones nobles del hogar.
Eran
años aquellos en que las fotografías se valoraban como un legado de la historia
familiar, imágenes que se guardaban como la caja negra de la memoria de los que
vivían bajo un mismo techo, de los primos y tíos, de los lugares más
frecuentados. Era una forma de luchar contra la fugacidad del tiempo. Recuerdos
en blanco y negro de excursiones, de veranos en playas de la niñez, de paradas
en alguna venta para que se enfriara el motor del seiscientos tras subir el
Puerto de la Cadena...
Nada
se podía igualar a la emoción de recoger las fotos, días después de haber
dejado los negativos, tras jornadas de espera elucubrando sobre el resultado de
aquellos clics en la Kodak. Y no tenía precio el aliciente de llegar a casa
para compartir con la familia la evocación de aquellos momentos, de aquel tiempo
detenido para siempre en imágenes. Sabíamos asumir la espera sin la neurosis de
la inmediatez actual.
Estudios
Orga, memoria de una Murcia que solo va quedando en nuestro recuerdo.
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