viernes, 16 de enero de 2026

20- La tabla de logaritmos

 20- La tabla de logaritmos y las cuentas de los antiguos tenderos de ultramarinos

 Soy de una generación que vio la llegada de las calculadoras a las aulas como una novedad revolucionaria. Ya para aquel entonces, compañeros de algunos cursos superiores nos hablaban de “reglas de cálculo”, algún tipo de artilugio que no llegué a conocer con el que realizaban operaciones numéricas.

 Había que imaginar las dificultades que se daban a la hora de hacer problemas aritméticos sin la ayuda de estos aparatos. También hay que reconocer que la mente se ejercitaba mucho más, con el resultado de una agilidad  para el cálculo difícilmente alcanzable actualmente. Yo, que soy de ciencias, hace muchísimos años que no hago raíces cuadradas y es muy posible que me haya olvidado por completo de cómo se realiza esta operación con papel y bolígrafo, de forma artesanal. En esa época la resolvía sin dificultad, sin necesidad de ingenios electrónicos.

  Hablando de facilidad para manejar cifras, volvamos la vista hacia  las  viejas tiendas de ultramarinos. Allí era muy típica la figura del tendero con un lápiz ya bastante gastado apoyado en la oreja y un trozo de papel de estraza, de los de envolver el género, como elementos de cálculo a la hora de sacar las cuentas de las compras de los parroquianos. Qué rapidez a la hora de sumar largas retahílas de números. No solía equivocarse, aunque algunos decían que su infalibilidad, si se quebraba no daba, por cierto,  error a favor del cliente. La gente es muy mal pensada.

 Estoy hablando de escenas teñidas de color sepia, de tan lejanas que  parecerán a los jóvenes de ahora, con métodos ciertamente anacrónicos para resolver operaciones aritméticas. Como los que usábamos en clase para calcular el logaritmo de cualquier número. Aquí cabe hacer mención de un libro inseparable  de cualquier estudiante de Matemáticas de los últimos cursos del bachillerato de entonces. Me refiero a la Tabla de logaritmos. Pasa el tiempo y cambian las costumbres. Yo llegué a manejar en su momento esta herramienta, de indudable apariencia vintage, cuando había que calcular el exponente al que había que elevar una base (de 10 en este caso) para obtener el número en cuestión. Se trataba de un volumen titulado así, textualmente:

 "TABLAS DE LOS LOGARITMOS VULGARES DE LOS NÚMEROS DESDE 1 HASTA 20.000 Y DE LAS LÍNEAS TRIGONOMÉTRICAS 
 Seguidas de otras muchas tablas de uso frecuente en las ciencias, las artes y el comercio, con un apéndice para determinar casi automáticamente y con suma rapidez el logaritmo de un número (y viceversa) con 7, 8 y hasta 20 decimales exactos."

Estaba encuadernado a la manera antigua, con pares de hojas unidas por la parte superior que había que rasgar para poder llevar a cabo su lectura.

El nombre de este manual, por otra parte,  rezumaba un toque decimonónico innegable.  Uno se imagina, al repasar sus páginas, aquellas clases magistrales  impartidas por catedráticos graves y solemnes del tiempo de la Restauración. 
Ya en el prólogo se advierte ese estilo de docencia arcaica, esa prosa tan propia del profesorado del siglo XIX:

"Entre las admirables invenciones del género humano, pocas acaso han influido más que la de los logaritmos en los rápidos progresos, que en estos últimos siglos han hecho las ciencias exactas, y en especial, la astronomía y la navegación.(...) ... el fácil uso de las tablas no se consigue sino con el manejo constante y exclusivo de las mismas por ocho días seguidos a lo menos, y la resolución de uno o dos ejemplos, por vía de repaso, en todas las demás lecciones hasta fin de curso" 

 Abundando más en las descripciones, hay que decir que dicha obra, elaborada por D. Vicente Vázquez Queipo, fue, según se nos indica en su portada, “declarada de texto por el Consejo de Instrucción Pública y premiada en la Exposición Universal de París de 1867 y con Medalla de Plata en Universal de Barcelona de 1888”.

También se consigna  que  Librería y Casa Editorial Hernando, S.A. (Fundada en 1828), Calle Arenal, 11 y Ferraz, 11 es la responsable de esta 45ª edición que tengo ahora entre mis manos, concretamente la del año 1974. Ya por aquel tiempo comenzaba a generalizarse el uso de las calculadoras, aunque aún se resistía a caer en desuso la tabla de logaritmos.

 Hoy en día valoro este libro como el vestigio de una época en la que, en una España atrasada y alejada paulatinamente del progreso europeo, había gente que perseveraba en la ciencia y en sus aplicaciones.  En un país donde alguna de sus mentes más lúcidas incluso había llegado a decir: "Que inventen ellos". Un país, sin embargo, de sabios decimonónicos y tenderos de ultramarinos de endiablada rapidez mental, capaces de trazarte con un lápiz gastado y papel de estraza, si se lo proponían, hasta una curva logarítmica.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

106- Lavando con azulete

  106- Lavando con azulete   Las pastillas de café con leche de Alonso, las tapias hacia la Gran Vía de la Sucursal, la Casa de Socorro, e...