24- La modernidad: la venta a plazos
Aquellos Seiscientos que dieron un impulso fundamental al parque móvil patrio, los primeros televisores, los frigoríficos que sustituyeron a las neveras de barra de hielo, todos esos adelantos tecnológicos comenzaron a ser asequibles al común de los ciudadanos gracias a las nuevas formas de pago fraccionado.
En
la Murcia de entonces, pues, ya aparecían en los hogares lavadoras con forma de
cilindro que hacían un traqueteo tremendo mientras lavaban la ropa a base de
Omo y Persil, ante los admirados ojos de las amas de casa de la época, aquellas
en cuyo documento nacional de identidad la profesión solía ser descrita con la genérica
fórmula de "sus labores".
Esta novedosa manera de acceder a los bienes de consumo tuvo su andamiaje jurídico a partir de la "Ley 50/1965, de 17 de julio, sobre venta de bienes muebles a plazos". Dicha norma proporcionaba garantías legales a los vendedores y contribuía a la generalización de esta práctica comercial. Todo ello catalizó sobremanera el consumo y la producción industrial, contribuyendo a un desarrollo económico que comenzó a hacerse patente durante aquellos años.
Para llevar a cabo estas transacciones se normalizó entonces un modelo de contrato, un documento formalizado inscrito por regla general en el llamado Registro de Venta a Plazos de Bienes Muebles. Los hogares se familiarizaron entonces con las letras mensuales. El pluriempleo estaba a la orden del día para hacer frente a todos esos pagos.
Los anuncios publicitarios de aquellos tiempos, puro material vintage visto desde la perspectiva actual, venían a confirmar que la modernidad se abría paso, a través de un primitivo consumismo, en una sociedad con muchos anclajes en lo antiguo, que todavía remendaba los calcetines usando huevos de madera, hacía jabón con la grasa sobrante, guardaba el fiambre en la fresquera y se refrescaba bebiendo agua del botijo con un chorro de anís.
Ley 50/1965, de 17 de julio, sobre venta de bienes muebles a plazos.
Modelos de Contrato: Se utilizaban documentos formalizados, a menudo inscritos en el Registro de Venta a Plazos de Bienes Muebles para garantizar la operación.
El SEAT 600: Fue el gran protagonista. Lanzado en 1957 por unas 65.000 pesetas, su compra masiva en los 60 fue posible gracias al pago fraccionado, convirtiéndose en el símbolo de la nueva movilidad.
Revolución en el hogar: La "letra" mensual permitió la entrada de electrodomésticos como el televisor, la nevera y la lavadora, transformando las costumbres domésticas y el papel de la mujer en el hogar.
Impacto Social: Se pasó de una economía de subsistencia a una sociedad de consumo. El concepto de "vivir a plazos" se normalizó, facilitado por el aumento del poder adquisitivo y el crecimiento económico de la década.
Como por capilaridad, toda esa tecnología se distribuía por todos los rincones de nuestra geografía. Como contaba en otro capítulo, aún recuerdo aquella lejanísima tarde de los 60 en que vinieron unos operarios a mi casa a dejarnos nuestro primer televisor. (Era un armatoste que se instalaba junto con un aparato más pequeño, el repetidor(?), quedando este último en una de las lejas bajas de la mesa que servía de soporte al nuevo electrodoméstico).
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