31- Don José Valverde. El Pichilate
Estamos ante uno de esos personaje entrañables asimilados desde hace tiempo a nuestra memoria colectiva. Y ha sido glosado por eximios cronistas en muy sentidas semblanzas. Poco más hay que añadir.
Siendo yo un crío ya lo asimilaba a lo más popular, a lo cotidiano de los
encuentros y saludos en las aceras, era una presencia muy próxima del
vecindario, alguien que se daba a conocer por su continua cercanía. Lo recuerdo
desde que tengo uso de razón, siempre en las calles de Murcia, en su
"bendita calle", como decía aquel personaje hipersociable de Fortuna
y Jacinta.
Y
desde muy pequeño me daba cuenta de que estaba ante una persona muy especial,
con sus andares tan rápidos, recorriendo incansable el dédalo del callejero
murciano desde su querido San Antolín, saludando a tanta gente, a tantos
conocidos, con sus particulares y graciosas gesticulaciones.
Luego,
conforme fui cumpliendo años y dejé la niñez descubrí que José Valverde, el
Pichilate, era el vecino con la mirada más limpia e inocente de la ciudad. Una
mirada que mantenía el candor primigenio de los que no se han internado ni se
internarán nunca en el maleado mundo de los adultos. Y tenía su carácter, si
era necesario sacaba a pasear su genio. Los seres de luz también tienen derecho
a ponerse en su sitio.
Sí,
era sociable y comunicativo. Y con sencillas devociones que lo acercaron a la
Semana Santa y lo hicieron partícipe de ella para su alegría y emoción. Y tal
fue su popularidad, que el Ayuntamiento le dedicó una placa conmemorativa de la
que se sentía muy orgulloso.
Ya
digo, estamos ante alguien que permanece en la memoria colectiva de varias
generaciones de murcianos, que habitaba de continuo escenarios muy recordados por nosotros, paisajes urbanos muy nuestros. Alguien que siempre asociaremos a una Murcia que se aleja cada vez
más por el paso inexorable del tiempo que todo lo borrará.
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