sábado, 31 de enero de 2026

33- "Ahora que vamos despacio..."

 33- "Ahora que vamos despacio..."

 Pasábamos cerca de alguna era amarillenta llena de rastrojos y pimientos secándose al sol del verano. Atravesábamos luego pinadas llenas de un aire muy azul y aromático. Llevábamos alguna cantimplora, pero nunca se calmaba la sed de vivir y de descubrir cosas nuevas. Aquellas excursiones de la niñez... "Ahora que vamos despacio, ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras...".  

Caminábamos a través de ese territorio lindante con la costa pero despojado a la vez del carácter marino habitual de aquellos días estivales. Nosotros, niños de ciudad, transitando  por ese enclave tan de secano captábamos pequeñas señales, de modo muy sensitivo, que nos hacían intuir muy lejanamente aquel mundo rural de sabores y olores tan distintos a los de nuestra urbanita vida cotidiana. Aunque no desapareciera totalmente de nuestra vista la lejana línea azul de la playa, ese entorno seco y silvestre parecía refractario a la arena y a las olas, era otro mundo tras el que se sospechaban labores de campo y gentes muy diferentes a los veraneantes procedentes de la ciudad. Apenas te alejabas mínimamente de la costa, sin necesidad de perderla de vista, descubrías una vida despojada de aquel espíritu playero que nos envolvía durante los veranos. Sabías que había personas que vivían muy cerca del mar y llevaban existencias indiferentes a su atracción y su disfrute. Nuestras familias, en cambio, se desplazaban desde mucho más lejos imantadas por la playa, buscando  la máxima cercanía a los rompientes de las olas. Eran dos universos diferentes.  Apenas te internabas hacia el interior desaparecía esa incipiente modernidad que proporcionaba aquel turismo primerizo  para ingresar en un mundo arcaico de labores agrícolas y vida antigua.

Sí, nosotros, en aquellas horas vespertinas, caminábamos por esas pinadas y campos resecos por el sol del verano desde donde vislumbrábamos las pequeñas calas de los baños del mediodía. "Esta tarde, excursión a los pinos" había propuesto alguien de la pandilla, entre capuzones y juegos en la arena. Cantimploras y bocadillos quedaban pues pendientes de preparar para después de la siesta. Eran excursiones parecidas a las que hacíamos de  pequeños con nuestras madres, tías o abuelas, mientras los padres pasaban el verano en Murcia con sus pluriempleos. Pero ahora, ya entrados en la adolescencia, íbamos solos y con visiones e inquietudes muy diferentes

 Más tarde, entre risas y bromas llegábamos a las dunas y jugábamos a las prendas. Allí el rubor de aquella muchacha tan tímida te hizo desertar de tu mundo feliz de juegos y tebeos. Estaba anocheciendo y a lo lejos se sentía el rumor del mar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

106- Lavando con azulete

  106- Lavando con azulete   Las pastillas de café con leche de Alonso, las tapias hacia la Gran Vía de la Sucursal, la Casa de Socorro, e...