38- Un partido de fútbol en Campoamor
En
la Torre no había en esa época muchos veraneantes, todos nos conocíamos y
teníamos una relación de vecindad muy cercana. Básicamente se trataba de
familias murcianas cuyos padres se convertían en pundonorosos
"rodríguez" durante algún mes de la canícula. En agosto era cuando
llegaban los días de asueto para la mayoría de ellos, cuando se organizaban
verbenas y aumentaba la vida social típica de chiringuito, sangría y
televisores en blanco y negro por la noche en la puerta de las casas, allí
donde los vecinos se arracimaban en sus silletas frente a la pantalla para ver
"¿Es usted el asesino?"
A
una de esas entrañables familias pertenecía Tolo (Bartolomé) López Bernal, buen
amigo de aquellos años y compañero de partidos de fútbol junto a mis primos en
los innumerables descampados que había en esa villa costera, de baños playeros,
de excursiones... estamos hablando de críos de 10, 11 o 12 años.
Pues
bien, en el verano de 1967 Tolo y su familia comenzaron a veranear en
Campoamor. Nosotros, en la Torre, seguíamos entregados sin descanso al juego de
los balonazos vespertinos, después de la merienda, en los múltiples solares sin
construir que había por aquel entonces. Y nos llegaban noticias de que los
chavales de la Dehesa de Campoamor también cultivaban esa sana afición. Era
cuestión de tiempo que, con Tolo como intermediario, organizáramos algún épico
encuentro futbolero. Y así fue. Nuestro amigo se encargó por su cuenta de
reclutar un aguerrido equipo y en nuestro caso, mi querido y añorado padre
ofició de seleccionador nacional de la Torre de la Horadada. Ya solo faltaba ir
al Bazar Murciano y comprar una equipación acorde con la gesta que pensábamos
realizar.
Al
final, cierto día de agosto se celebró el match. Yo jugué de extremo derecho,
metí un gol y lancé un disparo al larguero. De poco más me acuerdo. Las
neuronas me fallan al intentar recordar el resultado, aunque sí es seguro que
los torreños vencimos con cierta holgura. Pepe, hermano mayor de Nito, otro
buen amigo de la niñez y pionero de los veraneantes madrileños, se fue
disparado como una bala en bicicleta hacia la Torre, tras contemplar el
partido, para anunciar a los vecinos la victoria de nuestro equipo, cual si
fuera el mítico corredor atenienses que dio origen a la carrera de
Maratón.
Incluso
nuestra gesta salió en los papeles. El gran José Víctor Rodríguez, el que fuera
más tarde mítico entrenador del Real Murcia, por aquellos años colaboraba como
redactor de deportes en el diario Linea y veraneaba a su vez en la Torre de la
Horadada. Gracias a él, una pequeña reseña, una minimalista crónica, dio
noticia de aquel partido.
Han
pasado muchos años y he perdido el contacto con la mayoría de los protagonistas
de aquella tarde feliz. Recientemente supe que Tolo, de quien no tenía noticia desde hacía mucho tiempo, nos había dejado años atrás, lo cual me provocó una gran tristeza. Esté donde esté, espero que le hayan gustado estas líneas donde se le recuerda con afecto y cariño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario