sábado, 31 de enero de 2026

38- Un partido de fútbol en Campoamor

 38- Un partido de fútbol en Campoamor

 En el verano de 1967 tuvo lugar el primer y único partido de fútbol jugado hasta ahora (no importa de qué categoría) entre la Torre de la Horadada y Campoamor. Expliquemos la génesis de este trascendental evento deportivo que tanta influencia tuvo en el balompié patrio. 

En la Torre no había en esa época muchos veraneantes, todos nos conocíamos y teníamos una relación de vecindad muy cercana. Básicamente se trataba de familias murcianas cuyos padres se convertían en pundonorosos "rodríguez" durante algún mes de la canícula. En agosto era cuando llegaban los días de asueto para la mayoría de ellos, cuando se organizaban verbenas y aumentaba la vida social típica de chiringuito, sangría y televisores en blanco y negro por la noche en la puerta de las casas, allí donde los vecinos se arracimaban en sus silletas frente a la pantalla para ver "¿Es usted el asesino?"

A una de esas entrañables familias pertenecía Tolo (Bartolomé) López Bernal, buen amigo de aquellos años y compañero de partidos de fútbol junto a mis primos en los innumerables descampados que había en esa villa costera, de baños playeros, de excursiones... estamos hablando de críos de 10, 11 o 12 años. 

Pues bien, en el verano de 1967 Tolo y su familia comenzaron a veranear en Campoamor. Nosotros, en la Torre, seguíamos entregados sin descanso al juego de los balonazos vespertinos, después de la merienda, en los múltiples solares sin construir que había por aquel entonces. Y nos llegaban noticias de que los chavales de la Dehesa de Campoamor también cultivaban esa sana afición. Era cuestión de tiempo que, con Tolo como intermediario, organizáramos algún épico encuentro futbolero. Y así fue. Nuestro amigo se encargó por su cuenta de reclutar un aguerrido equipo y en nuestro caso, mi querido y añorado padre ofició de seleccionador nacional de la Torre de la Horadada. Ya solo faltaba ir al Bazar Murciano y comprar una equipación acorde con la gesta que pensábamos realizar. 

Al final, cierto día de agosto se celebró el match. Yo jugué de extremo derecho, metí un gol y lancé un disparo al larguero. De poco más me acuerdo. Las neuronas me fallan al intentar recordar el resultado, aunque sí es seguro que los torreños vencimos con cierta holgura. Pepe, hermano mayor de Nito, otro buen amigo de la niñez y pionero de los veraneantes madrileños, se fue disparado como una bala en bicicleta hacia la Torre, tras contemplar el partido, para anunciar a los vecinos la victoria de nuestro equipo, cual si fuera el mítico corredor atenienses que dio origen a la carrera de Maratón. 

Incluso nuestra gesta salió en los papeles. El gran José Víctor Rodríguez, el que fuera más tarde mítico entrenador del Real Murcia, por aquellos años colaboraba como redactor de deportes en el diario Linea y veraneaba a su vez en la Torre de la Horadada. Gracias a él, una pequeña reseña, una minimalista crónica, dio noticia de aquel partido. 

Han pasado muchos años y he perdido el contacto con la mayoría de los protagonistas de aquella tarde feliz. Recientemente supe que Tolo, de quien no tenía noticia desde hacía mucho tiempo, nos había dejado años atrás, lo cual me provocó una gran tristeza. Esté donde esté, espero que le hayan gustado estas líneas donde se le recuerda con afecto y cariño. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

106- Lavando con azulete

  106- Lavando con azulete   Las pastillas de café con leche de Alonso, las tapias hacia la Gran Vía de la Sucursal, la Casa de Socorro, e...