44- La hazaña del Real Murcia en
el Bernabéu
Eran los días previos al
comienzo del curso 1973/74, el año del COU. El bachillerato quedaba atrás, ya
no tendríamos clase por la tarde y por primera vez íbamos a compartir aula con
las chicas, con algunas de las que veíamos con el uniforme del colegio por las
calles de la ciudad. Una etapa que arrancaba desde la niñez estaba a punto de
concluir y se acercaban tiempos de cambio personal, de nuevas experiencias, con
la Universidad llamando a la puerta. Pero el fútbol, el viejo fútbol, seguía
ahí, como siempre.
No era un partido de gran
trascendencia para la clasificación. La permanencia, ese posibilista objetivo,
no dependía de este choque, el segundo del campeonato, en el que la derrota
estaba amortizada de antemano, entraba dentro de los pronósticos más probables
y no hubiera sido motivo de desmoralización salvo alguna goleada demasiado
escandalosa.
El caso es que aquella
noche, sin otra cosa mejor que hacer, nos habíamos juntado 4 o 5 amigos con un
transistor en la terraza de una casa deshabitada cercana a la playa. Entre
bromas y chascarrillos los minutos iban pasando y el marcador no se movía. De
aquella manera terminó la primera parte, sin goles, mientras la tranquilidad
del comienzo iba desapareciendo ante la remota posibilidad de que el Real
Murcia aguantara así hasta el final. Algún amigo más realista le quitaba hierro
a la cosa. "No os hagáis ilusiones, cuando menos lo esperemos, el Madrid
marcará un gol y se acabará el partido". En efecto, como si alguien lo
estuviera escuchando, en el minuto 18 de la segunda parte Óscar Pinino Mas,
un extremo izquierdo argentino recién fichado tras la marcha de Anzarda, otro
argentino que había venido para sustituir al retirado Gento, marcaba un gol
para el equipo blanco. En ese instante, una ducha de realismo atemperó la
emoción que había ido creciendo conforme el Murcia no encajaba ningún gol.
"Bueno, a pensar en la próxima jornada, tampoco es una deshonra perder en
el Bernabéu". De esa manera iba discurriendo el juego, con las incidencias
normales de un partido destinado a darlo por perdido casi a priori y pasar
página. Hasta que faltando cinco minutos para el final ocurrió el milagro. De
pronto, el locutor vociferó "¡Penalti a favor del Real Murcia!". Es
de imaginar el júbilo que se desató en ese porche desiertos al que llegaba el rumor
del oleaje.
Pero ahora había que meter el balón entre los
tres palos. Estábamos todos en silencio, expectantes. El canario Vera Palmes
era el encargado de lanzar la pena máxima, ese eufemismo tan utilizado por los
periodistas deportivos. Podía fallarlo. Los nervios pueden hacer descarrilar la
acción de los mejores. Así que el delantero centro murcianista tomó carrerilla,
encaró el balón, le dio con la derecha y... despejó el portero. Pero el 9
murciano reaccionó y remató el esférico a la red. El Real Murcia había marcado
el gol del empate. En ese momento comenzamos a saltar y gritar como si
acabáramos de ganar la copa del mundo. La alegría de los modestos, podríamos
decir. Solo faltaba que el partido finalizase así. Y así terminó, tras algunos
minutos cardiacos en que el Madrid se volcó en nuestra área.
(Por cierto, varias
secuencias televisivas muy fugaces de aquel choque aparecieron en la
película Jenaro el de los 14, protagonizada por Alfredo Landa.
Aunque aquí, por necesidades del guion, se daba como ganador al equipo grana
gracias a ese gol de Vera Palmes que terminaría por convertirse en material
para el celuloide.)
Al día siguiente el empate en el
estadio de los blancos ocupó las portadas de los diarios murcianos como
noticia destacada. Los periodistas tiraban de épica a la hora de relatar lo que
para la afición suponía una hazaña sin precedentes. Al menos también sirvió para
que unos chavales con toda la vida por delante, a estas alturas ya clases
pasivas, pasaran un buen rato en un porche desde el que se escuchaba el rumor
del mar.
Ese empate a uno en el estadio de los blancos
nos parecía en esos momentos una gesta digna de pasar a la historia. De hecho,
llenó las portadas de los periódicos murcianos, a toda
página, como noticia más destacada Por lo menos, sirvió para
desatar la euforia de unos chavales, a estas alturas clases pasivas, que se
habían reunido con un pequeño transistor en un porche desde el que se escuchaba
el rumor del mar.
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