miércoles, 11 de febrero de 2026

44- La hazaña del Real Murcia en el Bernabéu

44- La hazaña del Real Murcia en el Bernabéu

 El sábado15 de septiembre de 1973 el Real Murcia lograba una de las hazañas más sonadas de su historia (modesta y entrañable historia): conseguía visitar el Bernabéu en partido de Liga sin ser derrotado. Todo es relativo y lo que para algunos es normal y rutinario, para otros -en el fútbol y en otros ámbitos de la vida- puede ser algo grandioso. El caso es que yo me recuerdo ahora con el transistor, de noche y rodeado de algunos amigos, todos chavales de 15 o 16 años, siguiendo ese encuentro como si se tratara de la final de la Copa de Europa. Todavía quedábamos unos pocos en la playa, aunque Murcia ya disfrutaba de la feria y de la efervescencia propia de la vuelta del veraneo. La escena la podemos enclavar en el porche de alguna de las muchas casas que habían quedado vacías tras el éxodo de los veraneantes. 

Eran los días previos al comienzo del curso 1973/74, el año del COU. El bachillerato quedaba atrás, ya no tendríamos clase por la tarde y por primera vez íbamos a compartir aula con las chicas, con algunas de las que veíamos con el uniforme del colegio por las calles de la ciudad. Una etapa que arrancaba desde la niñez estaba a punto de concluir y se acercaban tiempos de cambio personal, de nuevas experiencias, con la Universidad llamando a la puerta. Pero el fútbol, el viejo fútbol, seguía ahí, como siempre. 

No era un partido de gran trascendencia para la clasificación. La permanencia, ese posibilista objetivo, no dependía de este choque, el segundo del campeonato, en el que la derrota estaba amortizada de antemano, entraba dentro de los pronósticos más probables y no hubiera sido motivo de desmoralización salvo alguna goleada demasiado escandalosa. 

 El caso es que aquella noche, sin otra cosa mejor que hacer, nos habíamos juntado 4 o 5 amigos con un transistor en la terraza de una casa deshabitada cercana a la playa. Entre bromas y chascarrillos los minutos iban pasando y el marcador no se movía. De aquella manera terminó la primera parte, sin goles, mientras la tranquilidad del comienzo iba desapareciendo ante la remota posibilidad de que el Real Murcia aguantara así hasta el final. Algún amigo más realista le quitaba hierro a la cosa. "No os hagáis ilusiones, cuando menos lo esperemos, el Madrid marcará un gol y se acabará el partido". En efecto, como si alguien lo estuviera escuchando, en el minuto 18 de la segunda parte Óscar Pinino Mas, un extremo izquierdo argentino recién fichado tras la marcha de Anzarda, otro argentino que había venido para sustituir al retirado Gento, marcaba un gol para el equipo blanco. En ese instante, una ducha de realismo atemperó la emoción que había ido creciendo conforme el Murcia no encajaba ningún gol. "Bueno, a pensar en la próxima jornada, tampoco es una deshonra perder en el Bernabéu". De esa manera iba discurriendo el juego, con las incidencias normales de un partido destinado a darlo por perdido casi a priori y pasar página. Hasta que faltando cinco minutos para el final ocurrió el milagro. De pronto, el locutor vociferó "¡Penalti a favor del Real Murcia!". Es de imaginar el júbilo que se desató en ese porche desiertos al que llegaba el rumor del oleaje.

 Pero ahora había que meter el balón entre los tres palos. Estábamos todos en silencio, expectantes. El canario Vera Palmes era el encargado de lanzar la pena máxima, ese eufemismo tan utilizado por los periodistas deportivos. Podía fallarlo. Los nervios pueden hacer descarrilar la acción de los mejores. Así que el delantero centro murcianista tomó carrerilla, encaró el balón, le dio con la derecha y...  despejó el portero. Pero el 9 murciano reaccionó y remató el esférico a la red. El Real Murcia había marcado el gol del empate. En ese momento comenzamos a saltar y gritar como si acabáramos de ganar la copa del mundo. La alegría de los modestos, podríamos decir. Solo faltaba que el partido finalizase así. Y así terminó, tras algunos minutos cardiacos en que el Madrid se volcó en nuestra área. 

 (Por cierto, varias secuencias televisivas muy fugaces de aquel choque aparecieron en la película Jenaro el de los 14, protagonizada por Alfredo Landa. Aunque aquí, por necesidades del guion, se daba como ganador al equipo grana gracias a ese gol de Vera Palmes que terminaría por convertirse en material para el celuloide.) 

Al día siguiente el empate en el estadio de los blancos ocupó las portadas de los diarios murcianos como noticia destacada. Los periodistas tiraban de épica a la hora de relatar lo que para la afición suponía una hazaña sin precedentes. Al menos también sirvió para que unos chavales con toda la vida por delante, a estas alturas ya clases pasivas, pasaran un buen rato en un porche desde el que se escuchaba el rumor del mar.

 Ese empate a uno en el estadio de los blancos nos parecía en esos momentos una gesta digna de pasar a la historia. De hecho, llenó las portadas de los periódicos murcianos, a toda página, como noticia más destacada   Por lo menos, sirvió para desatar la euforia de unos chavales, a estas alturas clases pasivas, que se habían reunido con un pequeño transistor en un porche desde el que se escuchaba el rumor del mar.


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