62- Las aventuras de El Jabato
¿Cómo no recordar el mítico arranque de las aventuras de El Jabato, otra cumbre de la literatura gráfica juvenil? Junto con el Capitán Trueno fue uno de los héroes de nuestra infancia. Hablamos del tebeo "Esclavos de Roma", episodio inicial de la colección. En esta entrega con la que comienza la serie ya aparecen dos de sus principales personajes: El Jabato y la que más tarde será su prometida, Claudia, hija de un senador romano. Taurus, el fiel amigo del protagonista hace acto de presencia unas viñetas más adelante. Y Fideo de Mileto, el estrafalario poetastro que dará el contrapunto humorístico en estas historias, lo hará con la serie muy avanzada ya.
Nacido a la estela de las aventuras del Capitán Trueno -con el mismo guionista, Víctor Mora, y con Francisco Darnís como dibujante-, El Jabato tiene muy posibles influencias de un subgénero cinematográfico menor, el "peplum", que gozaba de una popularidad enorme en la época de su lanzamiento. Eran las, tan en boga por aquellos años, "películas de romanos". Este tipo de cine, partiendo de la antigüedad clásica, derivó en aventuras fantásticas con todas las licencias historiográficas posibles a la hora de hilvanar argumentos en que la realidad nunca hubiera podido superar a la ficción. El intento de trasposición de todo ese corpus de celuloide llamado de "espada y sandalia" al mundo de las viñetas por parte de Víctor Mora funcionó desde el principio y Bruguera encontró otro filón.
El
esquema de esta serie se construye a partir del héroe que recorre el mundo
acompañado de sus fieles camaradas, luchando contra las injusticias y haciendo
alarde de su valentía y arrojo. Plagada de anacronismos, llena de situaciones
inverosímiles, muestra por contra una frescura que enganchó desde su inicio a los
lectores. Aquí, mientras la prometida del Capitán Trueno era una rubia vikinga hija de uno de sus primeros adversarios, la del Jabato será una bella romana hija a su vez de un senador, amores que se desarrollarán mientras Roma invade Iberia. Elegir a la enamorada de entre el mundo de los enemigos del héroe es un recurso clásico que asegurará tensión argumental, aunque en el caso del aventurero medieval pronto habrá una inmersión amistosa en el universo vikingo y Thule será como una segunda patria. Pero ninguno de estos guerreros se unirá sentimentalmente a una ibera o a una cristiana de las Españas.
Hay más paralelismos entre estas dos series. En ambas el contrapunto al dúo formado por el protagonista y el amigo del protagonista será un tercer personaje que aporta un elemento diferente a la intrepidez y al valor de los dos primeros. Crispín será un adolescente que los intentará emular. Y en la colección del Jabato, Fideo de Mileto será otro eslabón aparentemente débil pero que asegura cuotas de humor y desenfado en las situaciones de mayor tensión, a la vez que lanza un guiño a la Grecia clásica para, junto a la Roma de la bella Claudia, encuadrar estas aventuras en el mundo grecolatino. Pero ya digo, ese historicismo del principio, arraigado en la Iberia rural y en la Roma de los primeros cristianos, derivará en una serie de escenarios con unas licencias de guion tales que harán posible contemplar a dos iberos y un griego de los primeros tiempos del Imperio romano en la corte de un mandarín chino, muchos siglos antes de que Marco Polo iniciara sus expediciones. Ya vemos que, como en el Capitán Trueno, China será un destino lleno posibilidades para el desarrollo de las tramas. No sabemos cómo habrían sido la Odisea o la Eneida de haber leído estos tebeos Homero y Virgilio en las siestas de verano de su niñez.
Muchos años después, de la misma factoría Bruguera y de la mano del tándem formado por Víctor Mora y Ambrós, surgiría otra colección, El Corsario de Hierro, siguiendo idénticos esquemas. Pero esa es materia para analizar en otro momento o en otro libro.
Baste decir para terminar que todavía conservo tebeos con la aventuras del Jabato en alguna caja del trastero y cualquier noche volveré a releer
Todavía conservo tebeos de las aventuras de El Jabato en alguna caja del trastero. Cualquier noche volveré a releer las hazañas del irreductible íbero y retornarán entonces ante mí, tal como ayer, las lejanas siestas veraniegas de la niñez.
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