84- Una cassette de Serrat en la calle Sociedad
En el invierno de 1973, con quince años, quien estas líneas escribe se acercó una mañana de sábado a la calle Sociedad y entró en Ritmo para adquirir el recién publicado trabajo de Joan Manuel Serrat sobre poemas de Miguel Hernández. No fue en esa ocasión el vinilo, sino la cinta de cassette, el soporte con el que pude disfrutar, horas más tarde, de Las nanas de la cebolla o El niño yuntero entre otros memorables temas.
(En
casa éramos seguidores de la obra de Serrat desde que nuestro padre, tras
un viaje de negocios a Barcelona, vino con una cinta que contenía sus más
recientes composiciones).
Meses
después, ya casi en verano, recalaría el cantautor catalán por estas tierras
para dar un recital en el Murcia Parque, presentando precisamente aquellas
canciones sobre poemas de Miguel Hernández. Recital al que asistí y del que
puedo evocar muy lejanamente la pericia de unos músicos muy experimentados y
vestidos de etiqueta y un Serrat ejerciendo de trovador con mayúsculas. Esa
misma tarde había firmado discos en Galerías Preciados de la Gran Vía, evento
en el que estuve presente y donde pude comprobar, con cierta sana envidia, el
tirón que tenía el Noi del Poble Sec entre el género femenino murciano.
Era Adrián Massotti Littel quien estaba entonces al frente de Ritmo, la histórica tienda de la Calle Sociedad fundada en 1942 donde adquirí aquel manojo de canciones serratianas. Persona muy implicada en la vida social de nuestra ciudad, poseedor del carnet de socio Número Uno del Real Murcia, fue distinguido en su día por la Cámara de Comercio con el Premio Mercurio. Muy comprometido también con la Semana Santa, en 1997 fue nombrado Nazareno de Honor, distinción que se sumaba a la Insignia de Oro que le había otorgado con anterioridad el Cabildo de Cofradías. Personajes como él marcaron el día a día de la Murcia de aquellos años.
Su tienda fue un foco que irradió cultura musical. Profesores y estudiantes del conservatorio, melómanos, gente que se iniciaba en el guitarreo aficionado de tres o cuatro acordes sin mayores pretensiones, universitarios de la tuna, estudiosos de las composiciones clásicas, intérpretes de piezas con exigencia propia de profesionales, etc. eran asiduos de aquel establecimiento. Así, muchas generaciones de murcianos encontraron allí discos, instrumentos musicales, cancioneros y partituras entre otros artículos de su interés. Por otra parte, su hermano Manuel terminó dando nombre al Conservatorio Superior tras una fructífera trayectoria como compositor y director de orquestas y coros. Hablamos pues de una familia que dejó huella en la historia cultural de la ciudad.
Una ciudad de la que vamos entresacando recuerdos antes de que caigan en el olvido por el paso del tiempo que todo lo borra.
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