100- Las verbenas de verano
Era
digno de ver aquel recinto cerrado mediante varias encañizadas en la
polvorienta calle y, sobre un entarimado, ese conjunto tocando canciones del
momento y otras más antiguas del gusto de los más mayores. En la noche de
agosto, con el rumor cercano del mar, los chavales asistíamos a versiones
desconocidas y desinhibidas de nuestros habitualmente respetables progenitores. (de los habitualmente respetables adultos)
Había vasos de plástico y posiblemente
cubalibres de garrafón. Nosotros, tan críos como éramos, tirábamos de Fanta o
Mirinda, mientras merodeábamos entre los adultos contemplando sus inéditas
expresiones de alegría social, su gozoso desparrame.
Los
"rodríguez" recién llegados de la capital tras la semana de trabajos
y comidas en bares de tapeo, sacaban a bailar a sus "santas" y de
pronto parecía renacer ese amor de juventud tan amortiguado por tanta faena de
crianza y pluriempleo. Pero estaba claro que tras ese fogonazo de una noche de
verano la cotidianidad impondría sus pautas nuevamente, el Rodríguez volvería a
su estajanovismo estival, con alguna posible cana al aire, y la santa a su
brega doméstica.
Mientras
los Flamingos, los Flash o Los Capicúa atacaban "Un rayo de sol",
jóvenes que preparaban la Reválida de Cuarto, tan mitificados por quienes
acabábamos de sacar el Examen de Ingreso, intentaban aprovechar la exaltación
del momento para probar aproximaciones hacia las florecientes muchachas que
observaban y reían en grupo. Quizá un momento después todos juntos bailaban
animadamente, mientras alguna mirada se cruzaba como si esa noche tan especial
forjara promesas de primerizos amores de verano.
Nuestro
trasnoche era muy transgresor para lo que solíamos tener por costumbre. Nunca
nos recogíamos tan tarde, pero en esos momentos había una bula especial, había
dispensa para cosas que no eran habituales. Los adultos estaban en una nube que
daba pie a esa y a otras excepcionalidades.
Mientras
en los bafles sonaba el último éxito de Toni Ronald, yo le daba un trago al
vaso de fanta y contemplaba el panorama sin saber que muchos años después
seguiría recordando esa noche como un pequeño prodigio dentro del discurrir
tranquilo del verano.
Cuando
ya se habían superado todos los clímax y la gente más bailona paraba para coger
aire, los músicos sorprendían con la "Conga de Jalisco" y entonces el
personal se agrupaba en filas que circulaban animosamente por el recinto, con
paradas y arrancadas espasmódicas que desataban el jolgorio general.
En
medio de esa felicidad contagiosa que flotaba en el ambiente yo pensaba en los
días de sol y playa que aún quedaban hasta la vuelta del colegio y en tebeos,
bicicletas y gafas de bucear. Todavía parecía muy lejana la Reválida de
Cuarto.
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