sábado, 4 de abril de 2026

100- Las verbenas de verano

 100- Las verbenas de verano 

 Es difícil encontrar recuerdos teñidos de más felicidad que aquellos de las lejanas verbenas de verano de nuestra infancia: la mirada de un niño en medio del universo de los adultos que se explayaban en su euforia festiva, en su doméstica catarsis de bailes y efusiones. Mirada puesta en lo inesperado de la música al aire libre a todo volumen y en ese revuelo general tan distinto a las rutinas cotidianas. Se trataba de la fascinación por lo no habitual, la curiosidad permanente de los ojos infantiles ante lo nuevo.

 Era digno de ver aquel recinto cerrado mediante varias encañizadas en la polvorienta calle y, sobre un entarimado, ese conjunto tocando canciones del momento y otras más antiguas del gusto de los más mayores. En la noche de agosto, con el rumor cercano del mar, los chavales asistíamos a versiones desconocidas y desinhibidas de nuestros habitualmente respetables progenitores. (de los habitualmente respetables adultos)

 Había vasos de plástico y posiblemente cubalibres de garrafón. Nosotros, tan críos como éramos, tirábamos de Fanta o Mirinda, mientras merodeábamos entre los adultos contemplando sus inéditas expresiones de alegría social, su gozoso desparrame.

Los "rodríguez" recién llegados de la capital tras la semana de trabajos y comidas en bares de tapeo, sacaban a bailar a sus "santas" y de pronto parecía renacer ese amor de juventud tan amortiguado por tanta faena de crianza y pluriempleo. Pero estaba claro que tras ese fogonazo de una noche de verano la cotidianidad impondría sus pautas nuevamente, el Rodríguez volvería a su estajanovismo estival, con alguna posible cana al aire, y la santa a su brega doméstica. 

Mientras los Flamingos, los Flash o Los Capicúa atacaban "Un rayo de sol", jóvenes que preparaban la Reválida de Cuarto, tan mitificados por quienes acabábamos de sacar el Examen de Ingreso, intentaban aprovechar la exaltación del momento para probar aproximaciones hacia las florecientes muchachas que observaban y reían en grupo. Quizá un momento después todos juntos bailaban animadamente, mientras alguna mirada se cruzaba como si esa noche tan especial forjara promesas de primerizos amores de verano. 

Nuestro trasnoche era muy transgresor para lo que solíamos tener por costumbre. Nunca nos recogíamos tan tarde, pero en esos momentos había una bula especial, había dispensa para cosas que no eran habituales. Los adultos estaban en una nube que daba pie a esa y a otras excepcionalidades.

Mientras en los bafles sonaba el último éxito de Toni Ronald, yo le daba un trago al vaso de fanta y contemplaba el panorama sin saber que muchos años después seguiría recordando esa noche como un pequeño prodigio dentro del discurrir tranquilo del verano. 

Cuando ya se habían superado todos los clímax y la gente más bailona paraba para coger aire, los músicos sorprendían con la "Conga de Jalisco" y entonces el personal se agrupaba en filas que circulaban animosamente por el recinto, con paradas y arrancadas espasmódicas que desataban el jolgorio general. 

En medio de esa felicidad contagiosa que flotaba en el ambiente yo pensaba en los días de sol y playa que aún quedaban hasta la vuelta del colegio y en tebeos, bicicletas y gafas de bucear. Todavía parecía muy lejana la Reválida de Cuarto. 

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