sábado, 4 de abril de 2026

99- "Los tiempos están cambiando"

 99- "Los tiempos están cambiando"

 En los 60 había una cierta sensación de modernidad, de irrupción de nuevos paradigmas, parecía iniciarse un ciclo histórico diferente. "Los tiempos están cambiando", cantaba Bob Dylan. La posguerra europea iba quedando atrás e irrumpía una generación de jóvenes en medio de una sociedad que se recuperaba de los traumas que había ocasionado, a muchos niveles, la contienda bélica. Pero esa juventud ingresaba en el escenario con una mirada nueva que no estaba marcada por los estereotipos de sus padres. Había una ruptura que incidía en muchos códigos culturales. Y una de las vertientes de esa ruptura la constituía la música. 

 Teorizando sobre el hecho musical de la segunda mitad del siglo XX habría que decir que es en Norteamérica donde se generan las nuevas tendencias melódicas que inundarán más adelante las tiendas de discos y los programas de radio. Todo el origen está, según los estudiosos, en la música afroamericana y su marcado sentido del ritmo. A partir de ahí el espiritual negro se entrevera con el blues. Éste derivará más tarde en el rock and roll, un género musical que irá asociado a una expresión corporal bastante performativa para la época, un baile con una intensa cadencia, plena de rupturismo intergeneracional. 

El rock and roll, como decimos, será el epicentro de todo ese fenómeno. Y sus diversas ramificaciones, algunas muy alejadas ya de sus orígenes, llenarán prácticamente todo el espectro musical de media centuria. Y así hasta nuestros días. Telegráficamente: todo ese movimiento que comenzó en los ritmos afroamericanos y el blues cristalizará más tarde en Chuck Berry y Elvis Presley que irrumpen en los 50, dando lugar a un tsunami que irradia hacia Europa a través del Reino Unido. 

Es en esa década, por cierto, cuando EEUU se consolida como potencia mundial. A lomos de un crecimiento económico sin precedentes comienza a cobrar carta de naturaleza lo que da en llamarse el "american wife of life". Los hogares americanos no tardan en llenarse de novedosos electrodomésticos mientras crece el nivel de vida de una sociedad que hace del consumo su auténtico leitmotiv. Y con la Guerra Fría establecida ya como como realidad insoslayable. 

Aquí, en el viejo continente, los USA representan la modernidad y el futuro. Todo lo que de allí proceda gozará de prestigio. Hay que tener en cuenta también que está muy reciente el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial y no se olvida lo que supuso la implicación norteamericana a la hora de la liberación europea contra el nazismo. Así pues, EEUU se convierte en un foco emisor de inequívocas tendencias culturales y sociales. 

A finales de los 50, en el puerto de Liverpool desembarcan marineros que, tras cruzar el Atlántico procedentes de Norteamérica, portan discos con las últimas tendencias y lo más novedoso de las listas de éxitos. Poco a poco se crea un caldo de cultivo en Inglaterra que dará lugar a nuevos movimientos musicales. 

A primeros de los 60 estalla la beatlemanía. Todo eso es historia conocida. La onda expansiva de ese fenómeno llega hasta nuestros días sin duda alguna. En su momento supuso una puesta de largo de las nuevas corrientes melómanas y culturales. El corte generacional es cada vez más apreciable. Los gustos musicales ahondan esa distancia entre los jóvenes, seguidores de melenudos que tocaban guitarras eléctricas, y sus conservadores progenitores, amantes del orden y la estabilidad.

Pero el sistema todo lo asimila. Por primera vez se contempla a la juventud como un nuevo nicho de mercado con una inmensa potencialidad. Se creará toda una industria alrededor de la creciente capacidad consumista de ese segmento de población. 

Son los años de la música ye-yé, expresión que deriva de la canción de los Beatles She loves you. En ella se repite la afirmación inglesa "yes, yes", "sí, sí, ella te ama", "she loves you... yes, yes...". Esta expresión hizo fortuna y sirvió para definir toda una corriente sociológica. Lo ye-yé. Cuando el Real Madrid gana su sexta Copa de Europa, después de renovarse con una generación de jóvenes que sustituyó a los DiStefano y demás viejas glorias, se comienza a hablar del "Madrid ye-yé". Como vemos, comienza a instalarse un nuevo paradigma que apela a una cierta modernidad, a un pasar página protagonizado por una juventud que no ha conocido los desastres que vivieron sus mayores. 

Los nuevos estilos musicales impregnan los gustos de toda una generación europea. Y también lo harán en la España cerrada del franquismo: una pléyade de conjuntos (término más usado que el de "grupos" en aquel tiempo) irrumpe en el panorama discográfico a lo largo de la década. Los Sirex, los Mustang, Lone Star, los Brincos, los Bravos, los Pekenikes, los Relámpagos, los Módulos, los Íberos, los Canarios, los Mitos, Fórmula V, los Ángeles, los Diablos, etc. ...son muchísimas las formaciones que nos van dejando melodías guardadas ya en el disco duro de nuestra memoria. 

Mis primas mayores bailaban la yenka y el twist. Sí, los jóvenes, ellos con jerseys de cuello vuelto y ellas con faldas plisadas, enloquecen en las pistas de baile con los nuevos ritmos. La música popular se renueva y sus juveniles y modernas expresiones conviven con los temas melódicos herederos de los cancioneros de toda la vida y también con un incipiente cultivo del folk y de la canción protesta. 

A base de cassettes o de vinilos íbamos siendo testigos de esa eclosión. Las grabaciones de la discográfica Belter, con todo su repertorio de canción española castiza y de pura cepa, con los Manolo Escobar, Antonio Molina, Lola Flores y compañía, daban paso a Zafiro, Novola o Hispavox, con modernidades ye-yés y un proto-pop que buscaba la aquiescencia del segmento más juvenil de los españolitos. 

En la Murcia de aquellos años, los adolescentes rebuscábamos en los estantes de la sección de discos de Ritmo o La Alegría de la Huerta alguna novedad para bailar en los guateques o para escuchar con el picú de casa. Más tarde, en el 73, el Corte Inglés aparecerá también como aprovisionador de material sonoro juvenil. 

 Esas modas melódicas, sumadas al desarrollismo de la época, configuran un tiempo nuevo que parecía romper con el costumbrismo carpetovetónico hispano de toda la vida.  

En resumen, una banda sonora sentimental muy concreta marcará la impronta de aquellos años y nos recordará con fidelidad nuestros gustos de entonces y lo que fuimos. Los tiempos estaban cambiando, tal como había vaticinado el bardo de Minessota. 

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