99- "Los tiempos están cambiando"
Teorizando
sobre el hecho musical de la segunda mitad del siglo XX habría que decir que es
en Norteamérica donde se generan las nuevas tendencias melódicas que inundarán
más adelante las tiendas de discos y los programas de radio. Todo el origen está,
según los estudiosos, en la música afroamericana y su marcado sentido del
ritmo. A partir de ahí el espiritual negro se entrevera con el blues. Éste
derivará más tarde en el rock and roll, un género musical que irá asociado a
una expresión corporal bastante performativa para la época, un baile con una
intensa cadencia, plena de rupturismo intergeneracional.
El
rock and roll, como decimos, será el epicentro de todo ese fenómeno. Y sus
diversas ramificaciones, algunas muy alejadas ya de sus orígenes, llenarán
prácticamente todo el espectro musical de media centuria. Y así hasta nuestros
días. Telegráficamente: todo ese movimiento que comenzó en los ritmos
afroamericanos y el blues cristalizará más tarde en Chuck Berry y Elvis Presley
que irrumpen en los 50, dando lugar a un tsunami que irradia hacia Europa a
través del Reino Unido.
Es
en esa década, por cierto, cuando EEUU se consolida como potencia mundial. A
lomos de un crecimiento económico sin precedentes comienza a cobrar carta de
naturaleza lo que da en llamarse el "american wife of life". Los
hogares americanos no tardan en llenarse de novedosos electrodomésticos
mientras crece el nivel de vida de una sociedad que hace del consumo su
auténtico leitmotiv. Y con la Guerra Fría establecida ya como como realidad
insoslayable.
Aquí,
en el viejo continente, los USA representan la modernidad y el futuro. Todo lo
que de allí proceda gozará de prestigio. Hay que tener en cuenta también que
está muy reciente el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial y no se olvida lo
que supuso la implicación norteamericana a la hora de la liberación europea
contra el nazismo. Así pues, EEUU se convierte en un foco emisor de inequívocas
tendencias culturales y sociales.
A
finales de los 50, en el puerto de Liverpool desembarcan marineros que, tras
cruzar el Atlántico procedentes de Norteamérica, portan discos con las últimas
tendencias y lo más novedoso de las listas de éxitos. Poco a poco se crea un
caldo de cultivo en Inglaterra que dará lugar a nuevos movimientos
musicales.
A
primeros de los 60 estalla la beatlemanía. Todo eso es historia conocida. La
onda expansiva de ese fenómeno llega hasta nuestros días sin duda alguna. En su
momento supuso una puesta de largo de las nuevas corrientes melómanas y
culturales. El corte generacional es cada vez más apreciable. Los gustos
musicales ahondan esa distancia entre los jóvenes, seguidores de melenudos que
tocaban guitarras eléctricas, y sus conservadores progenitores, amantes del
orden y la estabilidad.
Pero
el sistema todo lo asimila. Por primera vez se contempla a la juventud como un
nuevo nicho de mercado con una inmensa potencialidad. Se creará toda una
industria alrededor de la creciente capacidad consumista de ese segmento de
población.
Son
los años de la música ye-yé, expresión que deriva de la canción de los Beatles She
loves you. En ella se repite la afirmación inglesa "yes, yes",
"sí, sí, ella te ama", "she loves you... yes, yes...".
Esta expresión hizo fortuna y sirvió para definir toda una corriente
sociológica. Lo ye-yé. Cuando el Real Madrid gana su sexta Copa de Europa,
después de renovarse con una generación de jóvenes que sustituyó a los
DiStefano y demás viejas glorias, se comienza a hablar del "Madrid
ye-yé". Como vemos, comienza a instalarse un nuevo paradigma que apela a
una cierta modernidad, a un pasar página protagonizado por una juventud que no
ha conocido los desastres que vivieron sus mayores.
Los
nuevos estilos musicales impregnan los gustos de toda una generación europea. Y
también lo harán en la España cerrada del franquismo: una pléyade de conjuntos
(término más usado que el de "grupos" en aquel tiempo) irrumpe en el
panorama discográfico a lo largo de la década. Los Sirex, los Mustang, Lone
Star, los Brincos, los Bravos, los Pekenikes, los Relámpagos, los Módulos, los
Íberos, los Canarios, los Mitos, Fórmula V, los Ángeles, los Diablos, etc.
...son muchísimas las formaciones que nos van dejando melodías guardadas ya en
el disco duro de nuestra memoria.
Mis
primas mayores bailaban la yenka y el twist. Sí, los jóvenes, ellos con jerseys
de cuello vuelto y ellas con faldas plisadas, enloquecen en las pistas de baile
con los nuevos ritmos. La música popular se renueva y sus juveniles y modernas
expresiones conviven con los temas melódicos herederos de los cancioneros de
toda la vida y también con un incipiente cultivo del folk y de la canción
protesta.
A
base de cassettes o de vinilos íbamos siendo testigos de esa eclosión. Las
grabaciones de la discográfica Belter, con todo su repertorio de canción
española castiza y de pura cepa, con los Manolo Escobar, Antonio Molina, Lola
Flores y compañía, daban paso a Zafiro, Novola o Hispavox, con modernidades
ye-yés y un proto-pop que buscaba la aquiescencia del segmento más juvenil de
los españolitos.
En
la Murcia de aquellos años, los adolescentes rebuscábamos en los estantes de la
sección de discos de Ritmo o La Alegría de la Huerta alguna novedad para bailar
en los guateques o para escuchar con el picú de casa. Más tarde, en el 73, el
Corte Inglés aparecerá también como aprovisionador de material sonoro
juvenil.
Esas
modas melódicas, sumadas al desarrollismo de la época, configuran un tiempo
nuevo que parecía romper con el costumbrismo carpetovetónico hispano de toda la
vida.
En
resumen, una banda sonora sentimental muy concreta marcará la impronta de
aquellos años y nos recordará con fidelidad nuestros gustos de entonces y lo
que fuimos. Los tiempos estaban cambiando, tal como había vaticinado el bardo
de Minessota.
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