87- Las cultura del
picú
Podía pasar también que
algún novio recogiera con la lambretta a su chica, tocada con un pañuelo que le
recogía el cabello, y se perdiera con ella, sin carabina y con el picú, para
terminar escuchando canciones románticas en algún recóndito lugar, mientras
intentaban guardar para el matrimonio (¿lo conseguirían?) eso que tanto
ansiaban.
Había toda una cultura asociada
a este pequeño dispositivo. El desarrollismo había conseguido que en los
hogares las canciones pasaran de las ondas radiofónicas al vinilo, de manera
precaria al principio, pero con más sofisticación después. Lo que antes solo
estaba al alcance de la mayoría mediante cancioneros, ahora se podía conseguir
en microsurcos de 45 revoluciones por minutos. Eran los singles, con su cara A
y su cara B, es decir, dos canciones por disco, pura inmediatez. Los llamados
Long Play (L.P.), con 10 o 12 temas y a 33 r.p.m. tardaron más en extenderse,
no participaban de la premura de los singles y más que para excursiones y
guateques eran propios de audiciones más tranquilas, para saborear con la
demora que hiciera falta listas de canciones de los artistas preferidos;
comenzaba ya a darse una especialización artística en estos formatos que
llegaría hasta la obra conceptual, un larga duración atravesado por una
única temática. Creo que esto último se intentó por primera vez con el Sargent
Pepper's de los Beatles. Otra presentación intermedia era el EP, ese
vinilo de cuatro canciones, dos por cada cara. No llegó a tener la difusión y
el recorrido de los otros dos modelos
Yo recuerdo una sesión matinal
en el cine Coy, de algún domingo del año 70, a la que asistí con mi hermana y
un compañero de clase para ver la película "A 45 r.p.m.",
protagonizada por Juan Pardo y los Fórmula V, entre otros cantantes más o menos
conocidos de aquella época. Paradigmático era el título del largometraje,
haciendo referencia a esos singles que tanto ayudaron a difundir la música
popular.
Aquellos discos sencillos se guardaban en
álbumes adaptados a su tamaño. Era para mí toda una curiosidad, un ejercicio de
mucho entretenimiento, repasar esas pequeñas colecciones cuando estaba en casa
de los amigos o de mis primos. Se trataba de portadas coloristas, exponentes de
la estética pop de aquellos años. Por allí desfilaban los conjuntos del momento
(término más utilizado entonces que el de "grupos"): El Dúo Dinámico,
Los Bravos, Los Brincos, Los Pekenikes, Los Íberos, Los Diablos, Los Mitos, Los
Mismos, Los Fórmula V, Los Sirex, Los Mustang, Lone Star, etc, junto a
cantantes de moda como Adamo, Raphael, Sandie Shaw, Françoise Hardy, Massiel,
Joan Manuel Serrat, Paul Anka, Neil Sedaka, Tom Jones, Aznavour, y algún otro
que no recuerdo ahora.
El sonido de aquellos primitivos
picús era monoaural, no estereofónico. Su funcionamiento a pilas le daba mucha
autonomía. Partía de un aparato muy básico, con un plato mínimo y una tapadera
que servía de altavoz. Al final se reducía a una caja pequeña muy fácil de
acarrear.
Con el tiempo se fueron
perfeccionando. Comenzó entonces a hablarse de sonido Hi-fi (High Fidelity,
Alta Fidelidad en español). Esta denominación hizo fortuna hasta el punto de
que un exitoso programa de televisión dio en llamarse "Escala en Hi-Fi".
En esta mejora de las
prestaciones de los equipos de música tuvieron mucho que ver en su momento
algunas marcas como, entre otras, Phillips, Grundig, Panasonic o Sanyo,
japonesas estas dos últimas y europeas las primeras. Pasaron las décadas y
Phillips y Grundig quebraron. En la actualidad mantienen su nombre comercial,
pero englobadas en sendas firmas china y turca respectivamente. Panasonic, por
su parte, terminó absorbiendo a Sanyo para entrar años después en crisis, con
reconversiones y despidos masivos. Así pues, al hablar de la época dorada de
estas compañías, estamos haciendo la semblanza de un tiempo muy concreto,
caracterizado por aquella tecnología analógica que nos parecía el no va más de
la modernidad, con sus equipos compactos de plato, doble pletina y
dolby-system.
Siempre habrá canciones, la
música nunca dejará de acompañarnos. Es una necesidad del espíritu. Lo que
cambiará será el vehículo a través del cual llegue a nuestros oídos. Ahora todo
está en la nube y no se le da valor al hecho de llevar en los dispositivos más
vanguardistas cientos o miles de canciones para escucharlas a voluntad en el
momento que queramos. Mas estas ventajas de lo actual nunca podrán rivalizar
con la ilusión de llevar un picú y un álbum de singles para organizar un
guateque y bailar con la chica que te gusta. (Aunque en realidad lo que pasaba
es que entonces éramos jóvenes, muy jóvenes).
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