sábado, 4 de abril de 2026

87- Las cultura del picú

 87- Las cultura del picú

 A veces, en las excursiones veraniegas, alguien aparecía con un pick-cup, un picú, como se le decía vulgarmente, y entonces, entre coca-colas y mirindas, mientras sonaba alguna canción de Paul Anka o Marie Laforet se improvisaba un guateque en alguna pinada. Era un artilugio muy fácil de transportar y proporcionaba buenos momentos de diversión. Estabais en Río Seco, cuando Río Seco era territorio salvaje sin domesticar por urbanización alguna, extramuros de la Torre de la Horadada, y mientras jugabais a las prendas con las muchachas de la pandilla, sonaba en el picú "Tous les garçons et les filles" de Françoise Hardy. 

 Podía pasar también que algún novio recogiera con la lambretta a su chica, tocada con un pañuelo que le recogía el cabello, y se perdiera con ella, sin carabina y con el picú, para terminar escuchando canciones románticas en algún recóndito lugar, mientras intentaban guardar para el matrimonio (¿lo conseguirían?) eso que tanto ansiaban.

Había toda una cultura asociada a este pequeño dispositivo. El desarrollismo había conseguido que en los hogares las canciones pasaran de las ondas radiofónicas al vinilo, de manera precaria al principio, pero con más sofisticación después. Lo que antes solo estaba al alcance de la mayoría mediante cancioneros, ahora se podía conseguir en microsurcos de 45 revoluciones por minutos. Eran los singles, con su cara A y su cara B, es decir, dos canciones por disco, pura inmediatez. Los llamados Long Play (L.P.), con 10 o 12 temas y a 33 r.p.m. tardaron más en extenderse, no participaban de la premura de los singles y más que para excursiones y guateques eran propios de audiciones más tranquilas, para saborear con la demora que hiciera falta listas de canciones de los artistas preferidos; comenzaba ya a darse una especialización artística en estos formatos que llegaría hasta la obra conceptual, un larga duración atravesado por una única temática. Creo que esto último se intentó por primera vez con el Sargent Pepper's de los Beatles. Otra presentación intermedia era el EP, ese vinilo de cuatro canciones, dos por cada cara. No llegó a tener la difusión y el recorrido de los otros dos modelos 

Yo recuerdo una sesión matinal en el cine Coy, de algún domingo del año 70, a la que asistí con mi hermana y un compañero de clase para ver la película "A 45 r.p.m.", protagonizada por Juan Pardo y los Fórmula V, entre otros cantantes más o menos conocidos de aquella época. Paradigmático era el título del largometraje, haciendo referencia a esos singles que tanto ayudaron a difundir la música popular. 

 Aquellos discos sencillos se guardaban en álbumes adaptados a su tamaño. Era para mí toda una curiosidad, un ejercicio de mucho entretenimiento, repasar esas pequeñas colecciones cuando estaba en casa de los amigos o de mis primos. Se trataba de portadas coloristas, exponentes de la estética pop de aquellos años. Por allí desfilaban los conjuntos del momento (término más utilizado entonces que el de "grupos"): El Dúo Dinámico, Los Bravos, Los Brincos, Los Pekenikes, Los Íberos, Los Diablos, Los Mitos, Los Mismos, Los Fórmula V, Los Sirex, Los Mustang, Lone Star, etc, junto a cantantes de moda como Adamo, Raphael, Sandie Shaw, Françoise Hardy, Massiel, Joan Manuel Serrat, Paul Anka, Neil Sedaka, Tom Jones, Aznavour, y algún otro que no recuerdo ahora. 

El sonido de aquellos primitivos picús era monoaural, no estereofónico. Su funcionamiento a pilas le daba mucha autonomía. Partía de un aparato muy básico, con un plato mínimo y una tapadera que servía de altavoz. Al final se reducía a una caja pequeña muy fácil de acarrear. 

Con el tiempo se fueron perfeccionando. Comenzó entonces a hablarse de sonido Hi-fi (High Fidelity, Alta Fidelidad en español). Esta denominación hizo fortuna hasta el punto de que un exitoso programa de televisión dio en llamarse "Escala en Hi-Fi".

En esta mejora de las prestaciones de los equipos de música tuvieron mucho que ver en su momento algunas marcas como, entre otras, Phillips, Grundig, Panasonic o Sanyo, japonesas estas dos últimas y europeas las primeras. Pasaron las décadas y Phillips y Grundig quebraron. En la actualidad mantienen su nombre comercial, pero englobadas en sendas firmas china y turca respectivamente. Panasonic, por su parte, terminó absorbiendo a Sanyo para entrar años después en crisis, con reconversiones y despidos masivos. Así pues, al hablar de la época dorada de estas compañías, estamos haciendo la semblanza de un tiempo muy concreto, caracterizado por aquella tecnología analógica que nos parecía el no va más de la modernidad, con sus equipos compactos de plato, doble pletina y dolby-system. 

Siempre habrá canciones, la música nunca dejará de acompañarnos. Es una necesidad del espíritu. Lo que cambiará será el vehículo a través del cual llegue a nuestros oídos. Ahora todo está en la nube y no se le da valor al hecho de llevar en los dispositivos más vanguardistas cientos o miles de canciones para escucharlas a voluntad en el momento que queramos. Mas estas ventajas de lo actual nunca podrán rivalizar con la ilusión de llevar un picú y un álbum de singles para organizar un guateque y bailar con la chica que te gusta. (Aunque en realidad lo que pasaba es que entonces éramos jóvenes, muy jóvenes).


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