sábado, 4 de abril de 2026

94- Días de Ipanema: Gaudeamus igitur

 94- Días de Ipanema: Gaudeamus igitur

 Pongamos que había una dependencia oficiosa del campus universitario de la Merced cuya clausura dio nostalgia a mucha gente. Porque la cafetería Ipanema parecía una prolongación de nuestra "alma máter" murciana, solo le faltaba alguna pizarra con sus tizas, una fotocopiadora y un bedel que avisara del comienzo de las clases. Varias generaciones de profesores y alumnos pasaron sin solución de continuidad de las aulas a su barra, bien surtida de buena cerveza y de tapas (ese pulpo al horno, esa ensaladilla rusa envuelta en una loncha de salmón...) sin que se perdiera el espíritu académico. Cuántas tardes invernales guardan recuerdo de tertulias de humeante café con leche, con los apuntes de Gramática Histórica, Griego o Química Orgánica sobre las mesas. Carne de cañón de novatadas de Colegio Mayor, doctorandos, egregios catedráticos, bedeles, tunos, residentes del Azarbe, de Oblatas y del antiguo Cardenal Belluga, hoy Biblioteca Antonio Nebrija... la icónica cafetería igualaba y socializaba a todos los estamentos de las distintas facultades. Y fue testigo, como una referencia inalterable, de unos años decisivos de nuestra historia con su correlato universitario. Así, David, su dueño, contaba en una entrevista cómo los estudiantes se refugiaban en su local cuando aparecían los "grises" en aquellos tiempos convulsos que auguraban tantos cambios. 

De las aulas a González Palencia, de González Palencia a Ipanema, de Ipanema a las aulas, de las aulas a las tascas... Había un circuito que recorría gente portadora de trenca y carpetas a finales de los sesenta y primeros setenta, gente ya provecta que a estas alturas puede que se haya jubilado de sus responsabilidades como próceres del mundo de la judicatura, de las letras o de las ciencias químicas, el nervio del tejido ilustrado y cultural de la ciudad. 

Pero pasaban promociones de estudiantes e Ipanema seguía. Y seguían también los clientes de toda la vida, que no tenían por qué pertenecer expresamente al mundo de la Universidad. El estratégico lugar que ocupaba le aseguraba una vida social muy intensa, abierta a todo tipo de transeúntes.

Había sido fundada en 1967 por los hermanos José y David Paredes Solano tras una estancia de diez años en Brasil. Precisamente su nombre se debe a la célebre playa de Ipanema de Río de Janeiro. Finalmente José siguió en solitario con el negocio, al que se incorporó su hijo David siendo muy joven. Éste fue el continuador hasta su jubilación en 2016, año en que se echó el cierre definitivo al  histórico local. 

Todo se renueva, los tiempos cambian y las nuevas generaciones de estudiantes ya no sabrán lo que supuso esta cafetería que ofició prácticamente de cantina universitaria. Pero permanece indeleble en el recuerdo de muchos de nosotros. Gaudeamus igitur. 

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