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Hazañas bélicas
Al
margen del Capitán Trueno y del Jabato había otros tebeos que gozaron de gran
popularidad entre los adolescentes de aquellos años. Estamos hablando de una
época dorada de la literatura gráfica, una época en que los pasatiempos y
distracciones de los chavales no dependían tanto como ahora de lo tecnológico.
Los entretenimientos actuales están muy mediatizados por máquinas y aparatos,
dejan menos margen a la imaginación. Eso ya se comenta en muy diversos foros.
El caso es que los niños y adolescentes de entonces éramos grandes lectores de
tebeos.
"Hazañas
bélicas" fue una publicación que apareció a finales de los 40 y se
prolongó hasta bien entrados los 60. Su mundo era muy distinto al de los ya
citados héroes de la editorial Bruguera, con los que compartía esos quioscos a
los que acudíamos con avidez con la paga del fin de semana. En unos momentos en
que conflictos armados tales como la contienda civil española o la Segunda
Guerra Mundial estaban relativamente recientes, sus historias recreaban un
mundo que había dejado una profunda huella en el imaginario de varias
generaciones.
Las
crónicas referentes a la gran conflagración mundial (planetaria), con sus
episodios más célebres, surtían de nombres propios y documentaban los primeros
descubrimientos infantiles sobre aquellos acontecimientos. Y no era raro porque
los mass media se hacían eco a menudo de esos hechos tan
cercanos y que entonces parecían cargados de más lejanía. Dunkerke, Pearl
Harbor, Stalingrado, el día D, el desembarco de Normandía, la batalla de las
Ardenas, etc. eran referencias muy asimiladas en la memoria colectiva de ese
tiempo. El cine recreaba toda esa temática mitificando alguno de esos lances
con títulos imprescindibles de su repertorio. El despliegue editorial en torno
a dicho conflicto bélico era inmenso. Estábamos en la resaca de unos años que
habían marcado a la humanidad de manera traumática con la generación de un
volumen tal de material susceptible de análisis histórico que no sorprendía en
absoluto aquella desmesurada abundancia bibliográfica.
En
mi caso particular, la información referida a todo ese caudal, tanto
periodístico como literario, llegaba a casa a través de las publicaciones del
Selecciones del Reader's Digest al que mi padre estaba suscrito. En esos libros
mensuales siempre venía algún artículo describiendo algún aspecto derivado de
la guerra con muy variados enfoques. Solían aparecer anecdotarios resaltando
aspectos humanos destacables en medio de la crudeza del conflicto, historias
ejemplares, capítulos menores edificantes, curiosidades, análisis estratégicos,
enigmas... eran muchas las vertientes analizadas en esa y otras publicaciones
similares.
Era
normal esa proliferación editorial porque, como digo, estaba todo muy reciente,
apenas quince o veinte años habían transcurrido de algo tan determinante a
nivel global. Pero lo curioso es que para los niños de la década de los 60,
esos acontecimientos quedaban lejanísimos, como amortizados mucho tiempo atrás
a pesar de tanta información circulante. Así pues, esos tebeos citados,
Hazañas bélicas, seguían la estela de tantos trabajos editoriales como a esas
alturas generaba la Segunda Guerra Mundial.
Guillermo
Sánchez Boix, "Boixcar", fue guionista, dibujante, creador e
iniciador de la serie, al margen de otras firmas solventes que la continuaron.
Hay que resaltar la calidad de las ilustraciones impregnadas de la técnica del
claroscuro, la innovación en el despliegue de las viñetas sobre la página y la
verosimilitud con que se reflejaba el ambiente guerrero de las narraciones. El
realismo de la maquinaria bélica, muy logrado, se conseguía acudiendo a Signal,
una revista editada por la Alemania nazi durante la guerra y traducida a una
gran cantidad de idiomas.
El
mensaje de estas historietas radicaba en la exaltación de los valores humanos
en medio de la violencia de los enfrentamientos armados, la aspiración a la paz
mientras se luchaba en las trincheras. La paradoja de todo esto consistía en
que estos valores eran promovidos mediante una obra cuyo mayor aliciente es
precisamente la recreación de los conflictos bélicos.
No
fui lector asiduo de esta publicación, mis preferencias estaban puestas en las
aventuras de Trueno y sus inseparables Crispín y Goliath, como ya he dejado
escrito en algún otro capítulo de estas memorias. Pero no por eso dejé de tener
noticia de estos relatos gráficos. Recuerdo sobre todo a un personaje que se
hizo muy popular, el sargento Gorila. Y también ciertos episodios, durante la
Guerra del Pacífico, en que algún comando japonés ignoraba el fin de la
contienda y continuaba emboscado en alguna isla, manteniendo indefinidamente la
tensión guerrera y la fidelidad al emperador cuando la paz se había declarado
después de la capitulación de los países del Eje.
Sí,
estos cuadernillos, que también se ocuparon en ocasiones de la Guerra de Corea
y de los conflictos de Oriente Medio según avanzaba la serie, eran reflejo de
una época y daban cuenta de algo muy arraigado en el inconsciente colectivo de
esas décadas.
El mundo se recuperaba de un auténtico parteaguas histórico, de unos hechos que marcaron el devenir de la Humanidad. Y la onda expansiva de los mismos llegaba a los quioscos donde nos dejábamos buena parte de la paga de la semana.
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