miércoles, 6 de mayo de 2026

109- Discos y ensaladilla rusa en El Corte Inglés con una sortija de pelo de elefante

109- Discos y ensaladilla rusa en El Corte Inglés con una sortija de pelo de elefante

 

 Durante mi niñez pasaba a menudo, camino del huerto de mis abuelos, por los terrenos donde años más tarde sería edificado. Estaban éstos ocupados por bancales de habas y lechugas, la huerta cercaba un casco urbano mucho más reducido que el actual y las acequias afloraban de vez en cuando por las calles. Ya existían las Galerías Preciados, trasladadas a la Gran Vía desde la Plaza Cetina, pero no había nada similar a lo que vino después de que irrumpiera por estos pagos el Gran Leviatán del comercio. Sí, la puesta en marcha de El Corte Inglés reconfiguró muchas estructuras económicas en nuestra tierra. La mercadotecnia de la ciudad se tuvo que adaptar a la nueva y extraordinaria variable surgida tras la inauguración de ese enorme bloque en la por aquel tiempo llamada Avenida Camilo Alonso Vega, hoy Avenida de la Libertad. 

La prensa local anunció desde días antes, con un gran despliegue publicitario que ocupaba páginas enteras tipo "sábana", propias de aquellos periódicos de la época, la apertura al público del gigante comercial que llegaba para quedarse y transformar los hábitos de los murcianos.

 Por ejemplo, las páginas 6 y 7 del diario Línea del 3 de mayo de 1973 anunciaban, para esa jornada, el esperado evento. Con amplios titulares se informaba del inminente inicio de actividad y se detallaba la lista de servicios que proporcionaría el gran almacén: 200 Departamentos Especializados, aparcamientos para 700 coches, Guardería infantil, Peluquería, Cafetería, Restaurante, Supermercado... Lo nunca visto por estas latitudes. Algo que ya se conocía, por otra parte, en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Bilbao. Aquella sastrería madrileña fundada en 1890 y adquirida por Ramón Areces en 1935 se había desarrollado hasta dar lugar a la cadena de grandes almacenes que transformaba los hábitos de compra de los ciudadanos. 

Tal como pasó en Murcia. El tsunami que supuso este desembarco tensionó el pequeño comercio y muchas tiendas de toda la vida fueron languideciendo hasta desaparecer. Otras se reinventaron para poder subsistir. Pero la competencia era muy difícil cuando entraban en liza la flexibilidad absoluta de horarios y precios y la comodidad de tener centralizados en un mismo punto los productos más dispares. 

El flamante Corte Inglés fue un polo que imantó la economía de la región. La afluencia de alicantinos para visitarlo durante sus días festivos locales se dejaba notar en las calles de Murcia. No cabe duda de que hubo una dinamización, al margen de las obligadas reestructuraciones del comercio minorista. La zona adyacente al gran local recién inaugurado se fue llenando poco a poco de oficinas y todo tipo de servicios. La actividad empresarial se reconfiguró hasta adaptarse al nuevo centro de gravedad social y económico de la ciudad.

En el terreno autobiográfico he de decir que dicha gran superficie se convirtió en la sensación del momento y su visita, una asegurada diversión para los chavales de mi edad. Nos acercábamos simplemente a curiosear, subíamos y bajábamos por las escaleras mecánicas hasta aburrirnos, mirábamos asombrados los artículos más exóticos y se nos hacían familiares las primeras dependientas que comenzaron a trabajar allí. 

 En el primer verano de su apertura, varios amigos quinceañeros organizamos una excursión a Murcia desde la Torre de la Horadada simplemente para visitar aquellas instalaciones tan novedosas, por pura diversión, como quien pasa el día en un parque temático. Era digno de ver al grupo de 5 o 6 críos pasando de planta en planta compulsivamente solo por el gusto de usar las escaleras mecánicas, que nos sonaban a gran novedad, aunque ya existían, no tan grandes, desde que se estrenaron en La Alegría de la Huerta y más tarde en Las Galerías Preciados de la Gran Vía. 

Ese día tuvo su aventura, con guion imprevisto a cargo de uno de los chavales más zascandiles de la pandilla. El cual no tuvo otra ocurrencia que meterse en el bolsillo, con disimulo, una sortija de pelo de elefante, pura baratija, expuesta junto con otros artículos similares en un pequeño cajón. Pero fue descubierto por una vigilante camuflada de cliente que lo invitó educadamente a acompañarla a un despacho. Ya teníamos película de acción para recordar ese día, con chascarrillos que duraron años, cada vez que recordábamos "la hazaña de la sortija de pelo de elefante". A nuestro amigo le leyeron la cartilla, le dijeron que la próxima vez avisarían a sus padres y tras un pequeño sermón le dijeron que estaba perdonado pero que la acción no se volviera a repetir.

Más tarde, cuando llegamos a COU las jornadas lectivas eran tan flexibles que algunas mañanas teníamos horas en blanco sin clase, las cuales aprovechábamos para salir a toda prisa hacia la cafetería del Corte Inglés y pedirnos una ensaladilla rusa con kétchup, acompañada de una Coca-Cola, con el tiempo justo de apurar nuestra consumición y volver rápidamente al colegio. Había una sensación de libertad recién estrenada en esos almuerzos, tan distintos a los de los años anteriores en el patio del recreo, con los consabidos bocadillos de atún y mayonesa o salchichón.

Por las tardes regresaba, ya con más calma, pero el destino era la sección de música.  En ella había una gran mesa con platos y auriculares para la audición gratuita de discos. Se trataba de escucharlos antes de decidir cuál íbamos a comprar. Yo seleccionaba varios y pasaba la tarde con las canciones de Serrat, los Beatles, Simón y Garfunkel, y otros de mi gusto, aunque al final no adquiría ninguno. Cada vez que llegaba con unos cuantos vinilos escogidos, la amable dependienta me miraba con una leve sonrisa de resignación y complicidad, como dando a entender que sabía que no iba a comprar nada, simplemente se trataba de pasar el rato disfrutando de la música.  

Yo vi cómo cumplían años aquellas primeras jóvenes empleadas, cómo transcurría el tiempo y se convertían en mujeres maduras hasta que terminaban por jubilarse.  

Porque son muchas las referencias personales asociadas a las visitas al gran Leviatán, que además pillaba cerca de mi domicilio. 

 ¿Qué habrá sido, por cierto, de aquella sortija de pelo de elefante?


Aportación al PIB

En estas cinco décadas, El Corte Inglés «se ha consolidado como una de las locomotoras de la economía murciana», subrayan desde la firma. En la actualidad aporta al PIB regional un 0,6%, con más de 700 proveedores locales y regionales, y casi 6.500 empleos.

En la página 4 se anunciaba la convocatoria de la 15 edición del Festival de Benidorm, oficialmente conocido como FESTIVAL ESPAÑOL DE LA CANCIÓN. El Primer Premio, la Sirenita de Oro, estaba dotado con 250.000 pesetas al autor o autores de la canción ganadora absoluta y 100.000 pesetas a su intérprete. Hablamos de un certamen musical que sirvió de trampolín a algunas de las celebridades de la música popular durante décadas. Raphael (1962), Julio Iglesias (1968), 

 Y aún continúa, reinventándose y adaptándose a las nuevas modas

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