109- Discos y ensaladilla rusa
en El Corte Inglés con una sortija de pelo de elefante
Durante mi niñez pasaba a
menudo, camino del huerto de mis abuelos, por los terrenos donde años más tarde
sería edificado. Estaban éstos ocupados por bancales de habas y lechugas,
la huerta cercaba un casco urbano mucho más reducido que el actual y las
acequias afloraban de vez en cuando por las calles. Ya existían las Galerías
Preciados, trasladadas a la Gran Vía desde la Plaza Cetina, pero no había nada
similar a lo que vino después de que irrumpiera por estos pagos el Gran
Leviatán del comercio. Sí, la puesta en marcha de El Corte Inglés reconfiguró
muchas estructuras económicas en nuestra tierra. La mercadotecnia de la ciudad
se tuvo que adaptar a la nueva y extraordinaria variable surgida tras la
inauguración de ese enorme bloque en la por aquel tiempo llamada Avenida Camilo
Alonso Vega, hoy Avenida de la Libertad.
La prensa local anunció desde
días antes, con un gran despliegue publicitario que ocupaba páginas enteras
tipo "sábana", propias de aquellos periódicos de la época, la
apertura al público del gigante comercial que llegaba para quedarse y transformar
los hábitos de los murcianos.
Por ejemplo, las páginas 6
y 7 del diario Línea del 3 de mayo de 1973 anunciaban, para esa jornada, el
esperado evento. Con amplios titulares se informaba del inminente inicio de
actividad y se detallaba la lista de servicios que proporcionaría el gran
almacén: 200 Departamentos Especializados, aparcamientos para 700 coches,
Guardería infantil, Peluquería, Cafetería, Restaurante, Supermercado... Lo
nunca visto por estas latitudes. Algo que ya se conocía, por otra parte, en
Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Bilbao. Aquella sastrería madrileña
fundada en 1890 y adquirida por Ramón Areces en 1935 se había desarrollado
hasta dar lugar a la cadena de grandes almacenes que transformaba los hábitos
de compra de los ciudadanos.
Tal como pasó en Murcia. El
tsunami que supuso este desembarco tensionó el pequeño comercio y muchas
tiendas de toda la vida fueron languideciendo hasta desaparecer. Otras se
reinventaron para poder subsistir. Pero la competencia era muy difícil cuando
entraban en liza la flexibilidad absoluta de horarios y precios y la comodidad
de tener centralizados en un mismo punto los productos más dispares.
El flamante Corte Inglés fue un
polo que imantó la economía de la región. La afluencia de alicantinos para
visitarlo durante sus días festivos locales se dejaba notar en las calles
de Murcia. No cabe duda de que hubo una dinamización, al margen de las
obligadas reestructuraciones del comercio minorista. La zona adyacente al gran
local recién inaugurado se fue llenando poco a poco de oficinas y todo tipo de
servicios. La actividad empresarial se reconfiguró hasta adaptarse al nuevo
centro de gravedad social y económico de la ciudad.
En el terreno autobiográfico he
de decir que dicha gran superficie se convirtió en la sensación del momento y
su visita, una asegurada diversión para los chavales de mi edad. Nos
acercábamos simplemente a curiosear, subíamos y bajábamos por las escaleras
mecánicas hasta aburrirnos, mirábamos asombrados los artículos más exóticos y
se nos hacían familiares las primeras dependientas que comenzaron a trabajar
allí.
En el primer verano de su
apertura, varios amigos quinceañeros organizamos una excursión a Murcia desde
la Torre de la Horadada simplemente para visitar aquellas instalaciones tan
novedosas, por pura diversión, como quien pasa el día en un parque temático.
Era digno de ver al grupo de 5 o 6 críos pasando de planta en planta
compulsivamente solo por el gusto de usar las escaleras mecánicas, que nos
sonaban a gran novedad, aunque ya existían, no tan grandes, desde que se estrenaron
en La Alegría de la Huerta y más tarde en Las Galerías Preciados de la Gran
Vía.
Ese día tuvo su aventura, con
guion imprevisto a cargo de uno de los chavales más zascandiles de la pandilla.
El cual no tuvo otra ocurrencia que meterse en el bolsillo, con disimulo, una
sortija de pelo de elefante, pura baratija, expuesta junto con otros artículos
similares en un pequeño cajón. Pero fue descubierto por una vigilante camuflada
de cliente que lo invitó educadamente a acompañarla a un despacho. Ya teníamos
película de acción para recordar ese día, con chascarrillos que duraron años,
cada vez que recordábamos "la hazaña de la sortija de pelo de
elefante". A nuestro amigo le leyeron la cartilla, le dijeron que la
próxima vez avisarían a sus padres y tras un pequeño sermón le dijeron que
estaba perdonado pero que la acción no se volviera a repetir.
Más tarde, cuando llegamos a COU
las jornadas lectivas eran tan flexibles que algunas mañanas teníamos horas en
blanco sin clase, las cuales aprovechábamos para salir a toda prisa hacia la
cafetería del Corte Inglés y pedirnos una ensaladilla rusa con kétchup,
acompañada de una Coca-Cola, con el tiempo justo de apurar nuestra consumición
y volver rápidamente al colegio. Había una sensación de libertad recién
estrenada en esos almuerzos, tan distintos a los de los años anteriores en el
patio del recreo, con los consabidos bocadillos de atún y mayonesa o
salchichón.
Por las tardes
regresaba, ya con más calma, pero el destino era la sección de
música. En ella había una gran mesa con platos y auriculares para la
audición gratuita de discos. Se trataba de escucharlos antes de decidir cuál íbamos
a comprar. Yo seleccionaba varios y pasaba la tarde con las canciones de
Serrat, los Beatles, Simón y Garfunkel, y otros de mi gusto, aunque al final no
adquiría ninguno. Cada vez que llegaba con unos cuantos vinilos escogidos, la
amable dependienta me miraba con una leve sonrisa de resignación y complicidad,
como dando a entender que sabía que no iba a comprar nada, simplemente se
trataba de pasar el rato disfrutando de la música.
Yo vi cómo cumplían años aquellas
primeras jóvenes empleadas, cómo transcurría el tiempo y se convertían en
mujeres maduras hasta que terminaban por jubilarse.
Porque son muchas las
referencias personales asociadas a las visitas al gran Leviatán, que además
pillaba cerca de mi domicilio.
¿Qué habrá sido, por
cierto, de aquella sortija de pelo de elefante?
Aportación al PIB
En estas cinco décadas, El Corte Inglés «se ha consolidado como una de las locomotoras de la economía murciana», subrayan desde la firma. En la actualidad aporta al PIB regional un 0,6%, con más de 700 proveedores locales y regionales, y casi 6.500 empleos.
En la página 4 se anunciaba la convocatoria de la 15 edición del Festival de Benidorm, oficialmente conocido como FESTIVAL ESPAÑOL DE LA CANCIÓN. El Primer Premio, la Sirenita de Oro, estaba dotado con 250.000 pesetas al autor o autores de la canción ganadora absoluta y 100.000 pesetas a su intérprete. Hablamos de un certamen musical que sirvió de trampolín a algunas de las celebridades de la música popular durante décadas. Raphael (1962), Julio Iglesias (1968),
Y aún continúa, reinventándose y adaptándose a las nuevas modas

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