domingo, 31 de mayo de 2026

- Lavando con azulete

 - Lavando con azulete

 Las pastillas de café con leche de Alonso, las tapias hacia la Gran Vía de la Sucursal, la Casa de Socorro, el algodón dulce en la Feria de Septiembre, los chicles bazookas, los tebeos semanales, las bilochas con hilo palomar junto a los acantilados de la playa, Cesta y Puntos, la entrega de diplomas en el Romea, los partidos del Imperial en las mañanas del domingo...

 La escalera mecánica de la Alegría de la Huerta, un jefe de estación con pito, modas Poveda, la gabardina de los Zagales, Qué noche la de aquel día de los Beatles en Ritmo, fútbol en el José Barnés, hijos de Antonio Zamora, Vida y Color, los Claveles, la brea y el regaliz después de clase, la peluquería del maestro Garre, el Siglo, la Hoja del Lunes, la cafetería El Alcázar, "mi limón, mi limonero, entero me gusta más"...

La tienda de Luis Oñate en la calle Pascual, chocolate con churros en la Aduana, mi tío Guillermo en piragua desde el Club Remo, la farmacia Sandoval, la consulta del doctor don José Salvat, el colegio de las Luisas en San Bartolomé, 

 los billares Segura, la cerveza negra del Café Levante, Bonanza, los perritos calientes de la FICA, "renuncio a Satanás, a sus pompas y a sus actos..."

Las tardes en el Santos, "Así" en el Malecón, los bancos de la Glorieta, las aventuras del Jabato, los "bolitos" de los domingos, la librería Biblión, retratos Orga, Viaje al fondo del mar, Selecciones del Reader Digest, Almacenes Coy, mi madre lavando con azulete en el terrado de nuestra casa, frente a las tapias de la Fábrica de la pólvora, guapa y rubia bajo el sol...

¿Fue verdad o lo soñé?

martes, 26 de mayo de 2026

113- Muñoz Barberán en la Catedral

113- Muñoz Barberán en la Catedral

 Mi padre era un asiduo lector de La Verdad. Algunos de sus momentos de más sosiego se daban cuando sentado en el sillón del salón, después de la comida del mediodía, ojeaba tranquilamente las páginas del diario haciendo un alto en su intensa jornada de trabajo, marcada por su estajanovista actividad como empresario ejemplar, sin límite de horarios, con las preocupaciones y la carga del día a día de su negocio siempre presentes.   

Una vez consumada la lectura paterna, después de que el periódico quedara libre, era mi turno para buscar en él las cosas de mi interés. Crónicas deportivas relativas al Real Murcia, la sección de discos y música, curiosidades, ocurrentes textos firmados por el maestro García Martínez donde daba cuenta de sus lecturas y las humorísticas conversaciones con su cabra... Es el caso que durante el curso 72/73, en que estudiaba la Historia del Arte de 6º de Bachiller, descubrí unos artículos firmados por Muñoz Barberán donde describía con minuciosidad los elementos históricos y artísticos de algunos rincones de la Catedral de Murcia. Decidí entonces recortar esas columnas y guardarlas en una carpeta en la que finalmente durmieron el sueño de los justos hasta hace unos pocos años en que llevé a cabo un traslado de domicilio, lo que me obligó a hacer inventario del material acumulado en el trastero. Así fue como descubrí esta pequeña cápsula de tiempo en forma de rectángulos de papel amarillento con dibujos y textos del artista murciano. Fueron, por mi parte, los primeros intentos de muchos de archivar y preservar cosas de interés cultural en un tiempo analógico en que las carpetas eran físicas y no digitales. Era una manera de rescatar del olvido tantos restos interesantes de cuantas publicaciones iban cayendo en mis manos. Vano intento, todo ese caudal se iba archivando en cajas pendientes de alguna revisión que nunca se realizaba porque la vida siempre impone otras prioridades. El tiempo todo se lo llevará por delante, Dios sabe a dónde irá tanto material como hemos ido acumulando con el paso de los años. 

Mi generación transitó durante la mayor parte de su existencia sin conocer más que el soporte físico como receptáculo de contenidos. Tardaríamos en descubrir el mundo de los bytes, con sus enormes capacidades de almacenamiento y sus archivos digitales a salvo del polvo de los trasteros. En el fondo será igual, qué pena de tanto documento que quedará para siempre sin abrir en algún rincón de la nube, en carpetas de alguno de los múltiples programas Windows que se van sucediendo a lo largo del tiempo.

Pero mira por dónde, habrá que dar por buena esa obsesión por preservar lo en realidad impreservable cuando descubro estas columnas de Muñoz Barberán. Aunque no tuve la precaución, al recortarlas, de dejar visible o apuntar la fecha, se pueden datar con el año de 1973 de nuestra era, información cotejada con san Google. 

 Como curiosidad cabe consignar que, en el reverso de una de ellas, el Corte Inglés anuncia su inminente inauguración para el 3 de mayo de ese año y convoca un concurso infantil de relatos. Sigo repasando el dorso de estos recortes, antes de entrar en materia con los artículos sobre el gran templo murciano, y me encuentro con una minúscula hemeroteca. Se habla de cómo se ha declarado de urgente ejecución la concentración parcelaria de la zona regable del Campo de Cartagena, de que a finales de año estará terminado el encauzamiento del Segura, de que se va a crear la Asociación Provincial de Mujeres Empresarias, de la existencia en Murcia de un "goya" a la venta por 20 millones de pesetas, del V Simposium Internacional del Albaricoque, del asesoramiento de Murcia sobre la producción e industrialización del esparto a Argelia. Hay anuncios como el de Eurovosa Renta S.A. invitando a la inversión de los ahorradores, otro de rieles para cortinas y visillos de la marca Kirsch, de televisores Philips, de la financiera FIMUR, de carretillas elevadoras Saxby, con delegación en la carretera de Algezares, etc,.etc.

Pero vayamos al asunto que nos ocupa. Son siete columnas de las treinta que publicó el polifacético artista -recopiladas recientemente en un libro-  las que aparecen en la vieja carpeta. Y constituyen un dechado de erudición sobre las contingencias artísticas de lo descrito. Cada uno de estos artículos viene encabezado por un dibujo alusivo con la  firma de Muñoz Barberán. La serie se titula La catedral piedra a piedra. Los textos recogen referencias bibliográficas como las de Baquero Almansa y su obra De los profesores de las Bellas Artes en Murcia, Antonio Bonet Correa y su estudio Aspectos renacentistas de la Catedral murciana y José Camón Aznar con su Historia General del Arte en que da cuenta de las obras italianizantes de nuestro templo catedralicio. 

En uno de sus artículos alude a la erosión y desgaste que sufren los relieves escultóricos del exterior de la capilla de Junterones, lamentando la falta de medidas por parte de quien ha de responsabilizarse de su conservación, sin entrar a dilucidar, pues no es su cometido, quién es el responsable de esa labor, la Iglesia o Bellas Artes. 

 En otro comentario se hace eco de los tesoros artísticos que guarda el interior de  la capilla de Junterón (así la nombra en este caso, en singular) y especula con la posible procedencia italiana del relieve central y del tímpano que lo corona. Para ello extrae de la bibliografía antes referida el dato probable de que estos elementos renacentistas fueran traídos de Roma por el arcediano de Lorca don Gil Rodríguez de Junterón. Al hilo de esta información, opina que los otros relieves equiparables artísticamente con los descritos son los de la capilla de la Encarnación y los del sepulcro de Jacobo de las Leyes, advirtiendo, además, sobre la amenaza de destrucción que se cierne sobre ellos. 

Sigo leyendo y en otra de las columnas de la serie M. B. plantea la existencia de un primer trascoro gótico sustituido en el siglo XVII por otro barroco, el actual,  durante el episcopado del franciscano don Francisco Antonio Trejo Paniagua, obispo de Cartagena desde 1618 hasta 1636, quien trajo de Roma la Inmaculada situada en el altar de mármol que lo preside. 

En otro de sus opúsculos expresa también el convencimiento de que toda la obra escultórica renacentista realizada en el intervalo de un siglo y atribuida a Quijano, Florentín y tal vez a Alcalá Monte, fue ejecutada por un ejército de artistas pertenecientes a algún taller de los citados maestros, con la supervisión, obviamente, de los mismos.

También hace referencia a la Capilla del Sacramento, donde el arte renacentista alcanza un preciosismo que presagia la llegada del estilo plateresco, asimismo procedente de Italia, gran centro emisor de tendencias estéticas. Y a la de la Encarnación, descrita por él como un nicho abierto en el interior de una arcada fruto de un trabajo muy  laborioso, con los cuatro evangelistas como testigos y el águila posada en la clave del arco. Recomienda encarecidamente la visita de esta última, de la que resalta a su vez la altísima calidad de sus relieves con las figuras de los doce apóstoles, bajo la apariencia de haber sido inspirados en dibujos de Leonardo da Vinci., todo ello según su personal opinión.

Por otra parte, la mezcla de estilos artísticos de diferentes épocas, con las consiguientes yuxtaposiciones y amenazas de pastiche, plantea para el autor una serie de consideraciones que va dilucidando en otra de sus columnas. Para él, poco importa, por ejemplo, el espectacular contraste entre la portada y el interior gótico de bóvedas ojivales, traicionado estéticamente por ese imafronte considerado como una cima del Barroco. Para M.B. lo que salva del pastiche a este templo monumental es que los sucesivos artistas que en orden cronológico iban dejando su huella no intentaban imitar la de los estilos anteriores, sino que plasmaban los suyos propios, los de su tiempo.

Todo esto lo descubro ahora, tras la lectura tardía de estos papeles guardados durante más de 50 años en una carpeta azul bastante desgastada. El adolescente que los archivó, quizá aquejado de un incipiente síndrome de Diógenes cultural, no estaba entonces para tales inmersiones catedralicias y no leyó ni un párrafo de los mismos, aunque intuyera que había en ellos hallazgos valiosos. Ese adolescente quizá estaba más interesado entonces en los guateques y en las partidas de futbolín.

miércoles, 20 de mayo de 2026

111- El amigo Félix

 111- El amigo Félix

En  el curso 67/68, correspondiente a Primero de Bachiller, nuestro tutor don Antonio Martínez nos llevó una mañana a la sección de los internos que dirigía el Hermano Rafael y, después de ponernos ante un televisor,  dijo que tomáramos nota de lo que iba a salir en la pantalla porque con esos apuntes tendríamos que hacer un trabajo para la asignatura de Ciencias Naturales. 

Se trataba de Televisión  Escolar, un programa que la primera cadena pública comenzó a emitir en enero de 1968 y que se prolongó hasta 1970. Algunas mañanas, de 11 a 12, los alumnos salíamos de las aulas para visualizar en esos antiguos aparatos en blanco y negro diversas materias didácticas, complementarias de la enseñanza impartida en las clases. 

El programa elegido por don Antonio Martínez lo presentaba un personaje que ponía un entusiasmo y una pasión como pocas veces se habían visto en ninguno de los dos canales televisivos de entonces . Describía una determinada fauna con tales inflexiones en la voz y tal asertividad en sus comentarios que era muy difícil no sentirse implicado en esa celebración de la vida salvaje de lobos, quebrantahuesos o halcones.

 Sus monólogos parecían el evangelio de una religión laica, tal era la emoción que había en sus palabras. Su parla sonaba tan peculiar que los humoristas encontraron un filón en sus agradecidas imitaciones.

Era Félix Rodríguez de la Fuente, un médico burgalés que de manera autodidacta había adquirido unos conocimientos oceánicos  sobre biología y vida animal. Ya había destacado unos años antes como experto en cetrería en otro programa de televisión. A partir de aquellas incursiones en la pequeña pantalla cobró una fama que le acompañaría durante la siguiente década con series que aún se recuerdan entre los más veteranos, tales como Planeta azul y El Hombre y la Tierra. La trepidante música del comienzo de esta última ha permanecido en la memoria colectiva de aquel tiempo y con sólo escuchar sus primeros compases se nos vienen a la memoria aquellas escenas míticas de Naturaleza en que la vida discurría en su estado más primigenio, desprovista de la influencia humana, tal como se había manifestado, pura y armónica, desde hacía miles de años.

 Lo que este apóstol de aquel incipiente ecologismo preconizaba en realidad era una imbricación total del ser humano con la Naturaleza, una comunión con el hábitat natural en la que residiría una suerte de felicidad y equilibrio. Yo escuché en cierta ocasión unos comentarios suyos donde idealizaba la época en que el hombre era nómada, cazador y recolector, es decir, el Paleolítico y Neolítico, como si fuera un tiempo virginal, un periodo que nos remitía a mitos, ya anunciados por las primeras literaturas y cosmogonías, tales como la Edad Dorada y el Paraíso perdido. Era una suerte de adanismo que invitaba a la emancipación de aquella vida tan artificial en la que parecíamos estar inmersos.

Ya digo, hablamos de alguien que gozó de una popularidad inmensa, un comunicador de raza que parecía predicar una buena nueva ante la que era muy difícil permanecer indiferente. En mi casa recibíamos una revista coleccionable semanal, Fauna, editada por SALVAT, en que Félix desplegaba su gran erudición sobre la materia zoológica de todo el mundo, acompañada de cientos de imágenes con el color típico de los revelados fotográficos de entonces. Ahora contemplo en la estantería toda esa publicación encuadernada en volúmenes con tapas de color marrón como un testimonio de aquellos hallazgos de materias novedosas, tan habituales hoy en día por otra parte, basta ver los infinitos documentales de la 2.

 Hace poco di con el cuaderno donde redacté los trabajos de Ciencias Naturales que nos encargaba don Antonio Martínez tras la visualización de aquellos  programas matinales. Por allí desfilan víboras, boas, halcones, corales, equinodermos, orugas, mariposas, elefantes, cocodrilos, lagartos, tortugas marinas, mantis religiosas, abejas, osos, albatros, colibrís, cigüeñas, golondrinas, avestruces, pulpos, cangrejos, tiburones, manta rayas, etc., etc. Esos textos infantiles vienen acompañados de dibujos a color que me sorprenden ahora por su trazo más que aceptable. Dicho material da fe de las primeras apariciones televisivas de quien se haría tan popular a lo largo de la década siguiente con su apología  del "hermano lobo".

La trayectoria de este entusiasta de la Naturaleza libre y salvaje se cortó de manera abrupta un día de 1980, fecha en que se estrelló la avioneta con la que surcaba los cielos de Alaska en busca de nuevos escenarios para sus trabajos divulgativos. Todo un modo de hacer televisión se clausuraba con su muerte.

domingo, 10 de mayo de 2026

110-El destape (sólo si lo exige el guion)

110-El destape (sólo si lo exige el guion)

 Después de la muerte de Franco se abrieron las compuertas para un caudal de contenidos que llevaban ya bastante tiempo represados por la censura. Hasta entonces se había llegado a la excelencia en el arte de decir sin decir, de ocultar conceptos bajo juegos de palabras, conceptos solo discernibles por los muy iniciados. Los subterfugios empleados por los creadores para burlar la tijera llegaron a cotas de auténtico virtuosismo y los mensajes estaban tan enmascarados que muchas veces pasaban desapercibidos. Alguien descubría algún gesto en una película, alguna referencia críptica que encerraba cierta crítica, y lo comentaba en petit comité a la salida del cine, frente a unas jarras de vino en alguna de las tascas de moda. Estaba también en boga la canción protesta que dio lugar a la figura del cantautor, ese personaje que subía a los escenarios parapetado tras su guitarra y cantaba con mayor o menor fortuna las supuestas verdades del barquero, con sutiles retazos de crítica política y social, intentando no llegar al punto exacto en que el sistema atisbara la subversión. 

 Pero estaba claro que muchas de las creaciones difundidas tanto en el cine como en la canción se amparaban en la excusa de la censura para ocultar una mediocridad innegable. Eran tiempos excepcionales en cuanto a la expresión cultural y parecía valer todo con tal de conseguir más cotas de libertad. 

 No quiere decir que no se dieran casos de calidad artística, en ese totum revolutum había de todo. El tiempo y las posteriormente alcanzadas libertades decantaron muchas manifestaciones culturales poniendo a cada cual en su sitio. Se agradecieron los servicios prestados en pro de la causa común, no sin constatar la nula calidad de muchas expresiones artísticas, y aquí paz y después gloria.

 Mi generación se identificó con los cantautores, "cansautores" según el término acuñado por los más sarcásticos, algunos de los cuales aguantaron el paso del tiempo con obras que envejecieron con dignidad. A destacar, aparte de los consabidos Serrat, Raimon, Labordeta, Víctor Manuel, etc., la contribución de Paco Ibáñez, especializado en la musicación de poemas clásicos de nuestra literatura con el austero acompañamiento de su guitarra. Yo descubrí sus discos en algunas audiciones llevadas a cabo en el Bachiller, como complemento de las clases de Lengua Española. Cierta tarde, un hermano marista apareció con el picú y un vinilo con el que pudimos escuchar poemas del Arcipreste de Hita, Quevedo, Góngora, Rafael Alberti, García Lorca, etc, etc.

El sistema de censura impuesto por el Régimen había variado desde la Ley de Prensa auspiciada en 1966 por Manuel Fraga Iribarne, a la sazón ministro de Información y Turismo. Antes de esa fecha, toda publicación debía pasar antes de ver la luz bajo la lupa de los censores, los cuales hacían uso de su tijera para cercenar aquello que les parecía inconveniente. Una vez espulgado el material, adquiría el plácet necesario para su divulgación. A partir de la nueva ley, desaparece la censura previa, pero los autores han de responsabilizarse de las consecuencias derivadas de sus creaciones, sometidas a posteriori a un estricto código con sus correspondientes cargas penales. Esa legislación contemplaba también el secuestro de las publicaciones que transgredieran la legalidad vigente. Todo lo cual dio lugar a la autocensura. La cuestión era dilucidar el punto al que se podía llegar antes de que se pusiera en marcha la maquinaria represora.

 Como decíamos al principio, tras la muerte de Franco y el inicio de la Transición hay una apertura que desemboca en un aluvión de contenidos censurados hasta ese momento que por fin ven la luz. Y dentro del ámbito del cine se produce un fenómeno que excede lo artístico para caer en la vertiente de lo sociológico. Es el llamado "destape", moda que se caracteriza por la proliferación de desnudos femeninos en todo tipo de géneros cinematográficos. Hay mucha hambre atrasada que se intenta saciar de golpe. Para mostrar abiertamente la anatomía de nuestras Evas vale cualquier motivo, por peregrino que sea. Poco a poco se va decantando un tipo de películas muy concretas, de nula calidad artística, en las que el único fin de su producción es el aprovechamiento del gancho comercial que supone mostrar a las féminas tal como vinieron al mundo. Estos desnudos se suelen insertar, en general, en comedias populacheras como las de la factoría de los Ozores entre otros, en que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, de vez en cuando aparece alguna señora mostrando sus encantos. En realidad, se trata de un fenómeno que se da en otros países durante esos primeros años de la década de los 70. Italia facturará múltiples largometrajes a mayor gloria de actrices como Edwige Fenech, Serena Grandi, Barbara Bouchet, Gloria Guida, Carmen Russo o Laura Antonelli (ésta última será rescatada para el cine de calidad por Visconti en El Inocente, película basada en la novela de D'Annunzio). Como comparsas cómicos solían aparecer Alvaro Vitali, Lino Banfi, Renzo Montagnani o Mario Carotenuto, equivalentes a nuestros Esteso, Pajares, Antonio Ozores y compañía. Aunque el caso italiano se da bajo parámetros políticos diferentes, como es obvio.

 Uno de los desnudos más emblemáticos de aquellos años, el primero integral, será el de María José Cantudo en La trastienda, película no englobada en esas comedias descritas antes y rezumantes de caspa. Aquí se plantea la controversia moral de un médico del Opus, en la Pamplona de los sanfermines, ante la tentación de un romance adúltero con una enfermera. Desde entonces se habló del "felpudo de la Cantudo", expresión muy gráfica que describe la aparición de la actriz en todo su esplendor durante algunos fotogramas. 

 Nadiuska fue también otra de aquellas musas que enriqueció a los productores con la exhibición de su palmito despojado de ropa en las pantallas. Musa de aquellos nuestros años jóvenes en que las hormonas eclosionaban, coincidentes para más inri con esa exaltación de los desnudos femeninos en el celuloide y las revistas, Nadiuska fue un icono dentro de aquella pléyade de actrices que se encueraban a golpe de claqueta.  Las cuales justificaban esas exhibiciones con una frase que hizo fortuna: "Sólo me desnudo si lo exige el guion". Lo exigiera más o menos, el caso es que las pantallas rezumaban de cuerpos gloriosos y los cines hacían su agosto. El hambre atrasada era mucha, por lo visto.

Susana Estrada, África Prats, Isabel Luque, María Salerno, Adriana Vega, etc. eran algunas de las que nos invitaban a acercarnos a media tarde a las salas de proyección, dejando aparcados los apuntes, para caer luego, por más que intentáramos evitarlo, en el pecado en soledad. Pero éramos de una generación en la que nuestra juventud coincidía de pleno con esa explosión de placeres visuales tan vetados hasta entonces.

El complemento a todo ese festival de tetas, culos y felpudos estaba en los quioscos, con la revista Interviú como buque insignia de tanto papel couché exhibidor de mujeres en sazón y sin ropa. Y precisamente fue Interviú la que cerró todo un ciclo simbólico con aquel reportaje en que Marisol mostraba su esplendorosa desnudez. Marisol, la niña prodigio del cine del franquismo, el espejo en que tantas niñas se miraban en los 60, aparecía ahora como un fogonazo de sensualidad en la portada de la revista del grupo Z. Esa imagen parecía clausurar toda una época y hay quien dijo que era el final de cierta inocencia. Pero visto con la perspectiva que da el tiempo, pienso que seguíamos siendo unos inocentes, ignorantes de tantas cosas que estaban por suceder e imposibles de imaginar entonces.


miércoles, 6 de mayo de 2026

109- Discos y ensaladilla rusa en El Corte Inglés con una sortija de pelo de elefante

109- Discos y ensaladilla rusa en El Corte Inglés con una sortija de pelo de elefante

 

 Durante mi niñez pasaba a menudo, camino del huerto de mis abuelos, por los terrenos donde años más tarde sería edificado. Estaban éstos ocupados por bancales de habas y lechugas, la huerta cercaba un casco urbano mucho más reducido que el actual y las acequias afloraban de vez en cuando por las calles. Ya existían las Galerías Preciados, trasladadas a la Gran Vía desde la Plaza Cetina, pero no había nada similar a lo que vino después de que irrumpiera por estos pagos el Gran Leviatán del comercio. Sí, la puesta en marcha de El Corte Inglés reconfiguró muchas estructuras económicas en nuestra tierra. La mercadotecnia de la ciudad se tuvo que adaptar a la nueva y extraordinaria variable surgida tras la inauguración de ese enorme bloque en la por aquel tiempo llamada Avenida Camilo Alonso Vega, hoy Avenida de la Libertad. 

La prensa local anunció desde días antes, con un gran despliegue publicitario que ocupaba páginas enteras tipo "sábana", propias de aquellos periódicos de la época, la apertura al público del gigante comercial que llegaba para quedarse y transformar los hábitos de los murcianos.

 Por ejemplo, las páginas 6 y 7 del diario Línea del 3 de mayo de 1973 anunciaban, para esa jornada, el esperado evento. Con amplios titulares se informaba del inminente inicio de actividad y se detallaba la lista de servicios que proporcionaría el gran almacén: 200 Departamentos Especializados, aparcamientos para 700 coches, Guardería infantil, Peluquería, Cafetería, Restaurante, Supermercado... Lo nunca visto por estas latitudes. Algo que ya se conocía, por otra parte, en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Bilbao. Aquella sastrería madrileña fundada en 1890 y adquirida por Ramón Areces en 1935 se había desarrollado hasta dar lugar a la cadena de grandes almacenes que transformaba los hábitos de compra de los ciudadanos. 

Tal como pasó en Murcia. El tsunami que supuso este desembarco tensionó el pequeño comercio y muchas tiendas de toda la vida fueron languideciendo hasta desaparecer. Otras se reinventaron para poder subsistir. Pero la competencia era muy difícil cuando entraban en liza la flexibilidad absoluta de horarios y precios y la comodidad de tener centralizados en un mismo punto los productos más dispares. 

El flamante Corte Inglés fue un polo que imantó la economía de la región. La afluencia de alicantinos para visitarlo durante sus días festivos locales se dejaba notar en las calles de Murcia. No cabe duda de que hubo una dinamización, al margen de las obligadas reestructuraciones del comercio minorista. La zona adyacente al gran local recién inaugurado se fue llenando poco a poco de oficinas y todo tipo de servicios. La actividad empresarial se reconfiguró hasta adaptarse al nuevo centro de gravedad social y económico de la ciudad.

En el terreno autobiográfico he de decir que dicha gran superficie se convirtió en la sensación del momento y su visita, una asegurada diversión para los chavales de mi edad. Nos acercábamos simplemente a curiosear, subíamos y bajábamos por las escaleras mecánicas hasta aburrirnos, mirábamos asombrados los artículos más exóticos y se nos hacían familiares las primeras dependientas que comenzaron a trabajar allí. 

 En el primer verano de su apertura, varios amigos quinceañeros organizamos una excursión a Murcia desde la Torre de la Horadada simplemente para visitar aquellas instalaciones tan novedosas, por pura diversión, como quien pasa el día en un parque temático. Era digno de ver al grupo de 5 o 6 críos pasando de planta en planta compulsivamente solo por el gusto de usar las escaleras mecánicas, que nos sonaban a gran novedad, aunque ya existían, no tan grandes, desde que se estrenaron en La Alegría de la Huerta y más tarde en Las Galerías Preciados de la Gran Vía. 

Ese día tuvo su aventura, con guion imprevisto a cargo de uno de los chavales más zascandiles de la pandilla. El cual no tuvo otra ocurrencia que meterse en el bolsillo, con disimulo, una sortija de pelo de elefante, pura baratija, expuesta junto con otros artículos similares en un pequeño cajón. Pero fue descubierto por una vigilante camuflada de cliente que lo invitó educadamente a acompañarla a un despacho. Ya teníamos película de acción para recordar ese día, con chascarrillos que duraron años, cada vez que recordábamos "la hazaña de la sortija de pelo de elefante". A nuestro amigo le leyeron la cartilla, le dijeron que la próxima vez avisarían a sus padres y tras un pequeño sermón le dijeron que estaba perdonado pero que la acción no se volviera a repetir.

Más tarde, cuando llegamos a COU las jornadas lectivas eran tan flexibles que algunas mañanas teníamos horas en blanco sin clase, las cuales aprovechábamos para salir a toda prisa hacia la cafetería del Corte Inglés y pedirnos una ensaladilla rusa con kétchup, acompañada de una Coca-Cola, con el tiempo justo de apurar nuestra consumición y volver rápidamente al colegio. Había una sensación de libertad recién estrenada en esos almuerzos, tan distintos a los de los años anteriores en el patio del recreo, con los consabidos bocadillos de atún y mayonesa o salchichón.

Por las tardes regresaba, ya con más calma, pero el destino era la sección de música.  En ella había una gran mesa con platos y auriculares para la audición gratuita de discos. Se trataba de escucharlos antes de decidir cuál íbamos a comprar. Yo seleccionaba varios y pasaba la tarde con las canciones de Serrat, los Beatles, Simón y Garfunkel, y otros de mi gusto, aunque al final no adquiría ninguno. Cada vez que llegaba con unos cuantos vinilos escogidos, la amable dependienta me miraba con una leve sonrisa de resignación y complicidad, como dando a entender que sabía que no iba a comprar nada, simplemente se trataba de pasar el rato disfrutando de la música.  

Yo vi cómo cumplían años aquellas primeras jóvenes empleadas, cómo transcurría el tiempo y se convertían en mujeres maduras hasta que terminaban por jubilarse.  

Porque son muchas las referencias personales asociadas a las visitas al gran Leviatán, que además pillaba cerca de mi domicilio. 

 ¿Qué habrá sido, por cierto, de aquella sortija de pelo de elefante?


Aportación al PIB

En estas cinco décadas, El Corte Inglés «se ha consolidado como una de las locomotoras de la economía murciana», subrayan desde la firma. En la actualidad aporta al PIB regional un 0,6%, con más de 700 proveedores locales y regionales, y casi 6.500 empleos.

En la página 4 se anunciaba la convocatoria de la 15 edición del Festival de Benidorm, oficialmente conocido como FESTIVAL ESPAÑOL DE LA CANCIÓN. El Primer Premio, la Sirenita de Oro, estaba dotado con 250.000 pesetas al autor o autores de la canción ganadora absoluta y 100.000 pesetas a su intérprete. Hablamos de un certamen musical que sirvió de trampolín a algunas de las celebridades de la música popular durante décadas. Raphael (1962), Julio Iglesias (1968), 

 Y aún continúa, reinventándose y adaptándose a las nuevas modas

martes, 5 de mayo de 2026

108- Una cena en casa Emilio para despedir el Bachillerato

108- Una cena en casa Emilio para despedir el Bachillerato

 En el curso 72/73 mi promoción estudiaba 6° de Bachiller, el último año de dicho ciclo académico. Yo era un quinceañero que comenzaba a frecuentar los bares con los amigos sin la compañía de la familia. También compraba mis primeros libros de la Colección Austral al hilo de las clases de Literatura impartidas por uno de los mejores docentes que pasó por el colegio, el hermano José Rocaspana, exclaustrado algunos años después según noticias que circularon entre los más informados de los compañeros. Sus clases eran lo más parecido a la enseñanza universitaria, aparcando el libro de texto oficial y tirando de apuntes como haríamos años después en la Facultad. Buena parte de mi afición a las letras procede de aquellas lecciones. 

Ese curso constituía un fin de época y la niñez iba quedando decididamente atrás. Nos preparábamos para tomar caminos divergentes, cada cual tendría un recorrido personal, la vida se abría paso más rápido de lo que pensábamos. En junio, antes de irnos de vacaciones, organizamos una cena de despedida, a la que asistieron algunos profesores, en Casa Emilio, en la Plaza de Camachos. Allí se percibía que un largo ciclo tocaba a su fin. Daba pena y alegría a la vez.

Pero ¿Qué pasaba mientras tanto en nuestro entorno? ¿Qué sucedía en Murcia durante aquel lejano tiempo en que estrenábamos juventud y quedaba atrás la infancia?

Tiremos de hemeroteca. Abramos al azar las páginas del diario Línea del 3 de mayo imaginando que acabamos de comprarlo en la Covachuelas tras un café en Williams y un paseo por Trapería. Sin orden ni concierto demos cuenta de las primeras informaciones que vayamos encontrando.

Descubrimos, por ejemplo, que en Chys se exponían pinturas de Isidro Antequera y en la sala Isidoro Máiquez de Cartagena, las de Asensio Sáez

Dentro del panorama cultural también se informaba de la reedificación de la portada mayor del edificio del Contraste, llevada a cabo por Manuel Jorge Aragoneses y Pedro San Martín, consejero provincial y arquitecto de Bellas Artes respectivamente. Dicho inmueble, dedicado en su día a las transacciones en el mercado de la seda, se había ubicado tiempo atrás en la Plaza de Santa Catalina. La fachada y el pórtico de entrada objeto de restauración tendrían como nuevo emplazamiento la calle de la Trinidad.

 En el Teatro Romea, Ismael Merlo y Vicky Lagos presentaban El rey de las finanzas, de Juan Ignacio Luca de Tena, con la colaboración de Encarna Paso y la dirección de Cayetano Luca de Tena.

 En Molina de Segura, el día 30 de dicho mes comenzaba un curso de Soldadura eléctrica, una vez concluido otro de Trazadores. Se anunciaba también para el siguiente domingo la elección y proclamación de la Reina del Barrio de Fátima.

 En Alcantarilla se convocaba el Primer Certamen de Artistas Locales.

 El Centro Regional de Investigación y Desarrollo Agrario del Levante confirmaba los buenos resultados experimentales de la congelación de las mandarinas Satsumas

 En el Aula Magna de la entonces llamada Facultad de Filosofía y Letras se iba a proceder a la entrega de diplomas a la primera promoción de Graduados Sociales de la Escuela Social. Dentro de dicho acto, don Fernando Suárez González, Catedrático de Derecho del Trabajo, pronunciaría una conferencia titulada Los trabajadores de la Administración.

 En páginas interiores, Autoferro, establecido en el Edificio Alba, publicitaba la distribución en exclusiva de la marca de tractores y segadoras para forraje Agria.

 El día 1 de mayo se celebraba en el carril del Ferroviario, de la Azacaya, en la carretera de Beniaján, y patrocinado por El Corte Inglés (para cuya apertura en Murcia faltaban dos días) un encuentro de Bolos Huertanos entre las selecciones de las Márgenes Derecha e Izquierda. 

-La cartelera de cine presentaba el siguiente programa:

Cine Salzillo: Casa Flora, con Lola Flores (Mayores de 18 años y mayores de 14 acompañados)

Cine Coliseum:  Yo soy la oveja negra, con Vittorio Gassman, y Ráfaga de plomo, con Adan West (Mayores de 18 años)

Cine Rex (Empresa Iniesta Martínez):  El hombre de la Mancha, con Sofía Loren y Peter O'Toole (Autorizada para mayores de 14 años y menores de dicha edad acompañados de sus padres o tutores)

Circuito Iniesta

Cine Coy: ¿Qué me pasa doctor? con Bárbara Streisand (Mayores de 14 años)

Teatro Circo: Los Diez Mandamientos, con Charlton Heston (A. todos los públicos)

Cine Gran Vía:  Dos hombres contra el Oeste, con William Holden (Mayores de 18 años)

Cinema Iniesta:  Tierra de gigantes, con Leonardo Mann. Y estreno en Murcia de Escapada a lo loco, con Alighiero Noschese (Mayores de 18 años)

Cine Rosi: La novicia rebelde, con Rocío Dúrcal, y El mejor del mundo, con Tony S. Isbert (Autorizada para todos los públicos)

Cine Avenida (Sala especial de Arte y Ensayo): 100 años de Folies Bergere (Mayores de 18 años)

 Son algunas noticias cazadas al vuelo, sin pretensión de fijar claves informativas. Eran algunas de las cosas que sucedían en aquel año de tantos cambios personales. 

118-Índice

ÍNDICE 45- El juego del cuchillo en la arena

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