martes, 26 de mayo de 2026

113- Muñoz Barberán en la Catedral

113- Muñoz Barberán en la Catedral

 Mi padre era un asiduo lector de La Verdad. Algunos de sus momentos de más sosiego se daban cuando sentado en el sillón del salón, después de la comida del mediodía, ojeaba tranquilamente las páginas del diario haciendo un alto en su intensa jornada de trabajo, marcada por su estajanovista actividad como empresario ejemplar, sin límite de horarios, con las preocupaciones y la carga del día a día de su negocio siempre presentes.   

Una vez consumada la lectura paterna, después de que el periódico quedara libre, era mi turno para buscar en él las cosas de mi interés. Crónicas deportivas relativas al Real Murcia, la sección de discos y música, curiosidades, ocurrentes textos firmados por el maestro García Martínez donde daba cuenta de sus lecturas y las humorísticas conversaciones con su cabra... Es el caso que durante el curso 72/73, en que estudiaba la Historia del Arte de 6º de Bachiller, descubrí unos artículos firmados por Muñoz Barberán donde describía con minuciosidad los elementos históricos y artísticos de algunos rincones de la Catedral de Murcia. Decidí entonces recortar esas columnas y guardarlas en una carpeta en la que finalmente durmieron el sueño de los justos hasta hace unos pocos años en que llevé a cabo un traslado de domicilio, lo que me obligó a hacer inventario del material acumulado en el trastero. Así fue como descubrí esta pequeña cápsula de tiempo en forma de rectángulos de papel amarillento con dibujos y textos del artista murciano. Fueron, por mi parte, los primeros intentos de muchos de archivar y preservar cosas de interés cultural en un tiempo analógico en que las carpetas eran físicas y no digitales. Era una manera de rescatar del olvido tantos restos interesantes de cuantas publicaciones iban cayendo en mis manos. Vano intento, todo ese caudal se iba archivando en cajas pendientes de alguna revisión que nunca se realizaba porque la vida siempre impone otras prioridades. El tiempo todo se lo llevará por delante, Dios sabe a dónde irá tanto material como hemos ido acumulando con el paso de los años. 

Mi generación transitó durante la mayor parte de su existencia sin conocer más que el soporte físico como receptáculo de contenidos. Tardaríamos en descubrir el mundo de los bytes, con sus enormes capacidades de almacenamiento y sus archivos digitales a salvo del polvo de los trasteros. En el fondo será igual, qué pena de tanto documento que quedará para siempre sin abrir en algún rincón de la nube, en carpetas de alguno de los múltiples programas Windows que se van sucediendo a lo largo del tiempo.

Pero mira por dónde, habrá que dar por buena esa obsesión por preservar lo en realidad impreservable cuando descubro estas columnas de Muñoz Barberán. Aunque no tuve la precaución, al recortarlas, de dejar visible o apuntar la fecha, se pueden datar con el año de 1973 de nuestra era, información cotejada con san Google. 

 Como curiosidad cabe consignar que, en el reverso de una de ellas, el Corte Inglés anuncia su inminente inauguración para el 3 de mayo de ese año y convoca un concurso infantil de relatos. Sigo repasando el dorso de estos recortes, antes de entrar en materia con los artículos sobre el gran templo murciano, y me encuentro con una minúscula hemeroteca. Se habla de cómo se ha declarado de urgente ejecución la concentración parcelaria de la zona regable del Campo de Cartagena, de que a finales de año estará terminado el encauzamiento del Segura, de que se va a crear la Asociación Provincial de Mujeres Empresarias, de la existencia en Murcia de un "goya" a la venta por 20 millones de pesetas, del V Simposium Internacional del Albaricoque, del asesoramiento de Murcia sobre la producción e industrialización del esparto a Argelia. Hay anuncios como el de Eurovosa Renta S.A. invitando a la inversión de los ahorradores, otro de rieles para cortinas y visillos de la marca Kirsch, de televisores Philips, de la financiera FIMUR, de carretillas elevadoras Saxby, con delegación en la carretera de Algezares, etc,.etc.

Pero vayamos al asunto que nos ocupa. Son siete columnas de las treinta que publicó el polifacético artista -recopiladas recientemente en un libro-  las que aparecen en la vieja carpeta. Y constituyen un dechado de erudición sobre las contingencias artísticas de lo descrito. Cada uno de estos artículos viene encabezado por un dibujo alusivo con la  firma de Muñoz Barberán. La serie se titula La catedral piedra a piedra. Los textos recogen referencias bibliográficas como las de Baquero Almansa y su obra De los profesores de las Bellas Artes en Murcia, Antonio Bonet Correa y su estudio Aspectos renacentistas de la Catedral murciana y José Camón Aznar con su Historia General del Arte en que da cuenta de las obras italianizantes de nuestro templo catedralicio. 

En uno de sus artículos alude a la erosión y desgaste que sufren los relieves escultóricos del exterior de la capilla de Junterones, lamentando la falta de medidas por parte de quien ha de responsabilizarse de su conservación, sin entrar a dilucidar, pues no es su cometido, quién es el responsable de esa labor, la Iglesia o Bellas Artes. 

 En otro comentario se hace eco de los tesoros artísticos que guarda el interior de  la capilla de Junterón (así la nombra en este caso, en singular) y especula con la posible procedencia italiana del relieve central y del tímpano que lo corona. Para ello extrae de la bibliografía antes referida el dato probable de que estos elementos renacentistas fueran traídos de Roma por el arcediano de Lorca don Gil Rodríguez de Junterón. Al hilo de esta información, opina que los otros relieves equiparables artísticamente con los descritos son los de la capilla de la Encarnación y los del sepulcro de Jacobo de las Leyes, advirtiendo, además, sobre la amenaza de destrucción que se cierne sobre ellos. 

Sigo leyendo y en otra de las columnas de la serie M. B. plantea la existencia de un primer trascoro gótico sustituido en el siglo XVII por otro barroco, el actual,  durante el episcopado del franciscano don Francisco Antonio Trejo Paniagua, obispo de Cartagena desde 1618 hasta 1636, quien trajo de Roma la Inmaculada situada en el altar de mármol que lo preside. 

En otro de sus opúsculos expresa también el convencimiento de que toda la obra escultórica renacentista realizada en el intervalo de un siglo y atribuida a Quijano, Florentín y tal vez a Alcalá Monte, fue ejecutada por un ejército de artistas pertenecientes a algún taller de los citados maestros, con la supervisión, obviamente, de los mismos.

También hace referencia a la Capilla del Sacramento, donde el arte renacentista alcanza un preciosismo que presagia la llegada del estilo plateresco, asimismo procedente de Italia, gran centro emisor de tendencias estéticas. Y a la de la Encarnación, descrita por él como un nicho abierto en el interior de una arcada fruto de un trabajo muy  laborioso, con los cuatro evangelistas como testigos y el águila posada en la clave del arco. Recomienda encarecidamente la visita de esta última, de la que resalta a su vez la altísima calidad de sus relieves con las figuras de los doce apóstoles, bajo la apariencia de haber sido inspirados en dibujos de Leonardo da Vinci., todo ello según su personal opinión.

Por otra parte, la mezcla de estilos artísticos de diferentes épocas, con las consiguientes yuxtaposiciones y amenazas de pastiche, plantea para el autor una serie de consideraciones que va dilucidando en otra de sus columnas. Para él, poco importa, por ejemplo, el espectacular contraste entre la portada y el interior gótico de bóvedas ojivales, traicionado estéticamente por ese imafronte considerado como una cima del Barroco. Para M.B. lo que salva del pastiche a este templo monumental es que los sucesivos artistas que en orden cronológico iban dejando su huella no intentaban imitar la de los estilos anteriores, sino que plasmaban los suyos propios, los de su tiempo.

Todo esto lo descubro ahora, tras la lectura tardía de estos papeles guardados durante más de 50 años en una carpeta azul bastante desgastada. El adolescente que los archivó, quizá aquejado de un incipiente síndrome de Diógenes cultural, no estaba entonces para tales inmersiones catedralicias y no leyó ni un párrafo de los mismos, aunque intuyera que había en ellos hallazgos valiosos. Ese adolescente quizá estaba más interesado entonces en los guateques y en las partidas de futbolín.

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