domingo, 10 de mayo de 2026

110-El destape (sólo si lo exige el guion)

110-El destape (sólo si lo exige el guion)

 Después de la muerte de Franco se abrieron las compuertas para un caudal de contenidos que llevaban ya bastante tiempo represados por la censura. Hasta entonces se había llegado a la excelencia en el arte de decir sin decir, de ocultar conceptos bajo juegos de palabras, conceptos solo discernibles por los muy iniciados. Los subterfugios empleados por los creadores para burlar la tijera llegaron a cotas de auténtico virtuosismo y los mensajes estaban tan enmascarados que muchas veces pasaban desapercibidos. Alguien descubría algún gesto en una película, alguna referencia críptica que encerraba cierta crítica, y lo comentaba en petit comité a la salida del cine, frente a unas jarras de vino en alguna de las tascas de moda. Estaba también en boga la canción protesta que dio lugar a la figura del cantautor, ese personaje que subía a los escenarios parapetado tras su guitarra y cantaba con mayor o menor fortuna las supuestas verdades del barquero, con sutiles retazos de crítica política y social, intentando no llegar al punto exacto en que el sistema atisbara la subversión. 

 Pero estaba claro que muchas de las creaciones difundidas tanto en el cine como en la canción se amparaban en la excusa de la censura para ocultar una mediocridad innegable. Eran tiempos excepcionales en cuanto a la expresión cultural y parecía valer todo con tal de conseguir más cotas de libertad. 

 No quiere decir que no se dieran casos de calidad artística, en ese totum revolutum había de todo. El tiempo y las posteriormente alcanzadas libertades decantaron muchas manifestaciones culturales poniendo a cada cual en su sitio. Se agradecieron los servicios prestados en pro de la causa común, no sin constatar la nula calidad de muchas expresiones artísticas, y aquí paz y después gloria.

 Mi generación se identificó con los cantautores, "cansautores" según el término acuñado por los más sarcásticos, algunos de los cuales aguantaron el paso del tiempo con obras que envejecieron con dignidad. A destacar, aparte de los consabidos Serrat, Raimon, Labordeta, Víctor Manuel, etc., la contribución de Paco Ibáñez, especializado en la musicación de poemas clásicos de nuestra literatura con el austero acompañamiento de su guitarra. Yo descubrí sus discos en algunas audiciones llevadas a cabo en el Bachiller, como complemento de las clases de Lengua Española. Cierta tarde, un hermano marista apareció con el picú y un vinilo con el que pudimos escuchar poemas del Arcipreste de Hita, Quevedo, Góngora, Rafael Alberti, García Lorca, etc, etc.

El sistema de censura impuesto por el Régimen había variado desde la Ley de Prensa auspiciada en 1966 por Manuel Fraga Iribarne, a la sazón ministro de Información y Turismo. Antes de esa fecha, toda publicación debía pasar antes de ver la luz bajo la lupa de los censores, los cuales hacían uso de su tijera para cercenar aquello que les parecía inconveniente. Una vez espulgado el material, adquiría el plácet necesario para su divulgación. A partir de la nueva ley, desaparece la censura previa, pero los autores han de responsabilizarse de las consecuencias derivadas de sus creaciones, sometidas a posteriori a un estricto código con sus correspondientes cargas penales. Esa legislación contemplaba también el secuestro de las publicaciones que transgredieran la legalidad vigente. Todo lo cual dio lugar a la autocensura. La cuestión era dilucidar el punto al que se podía llegar antes de que se pusiera en marcha la maquinaria represora.

 Como decíamos al principio, tras la muerte de Franco y el inicio de la Transición hay una apertura que desemboca en un aluvión de contenidos censurados hasta ese momento que por fin ven la luz. Y dentro del ámbito del cine se produce un fenómeno que excede lo artístico para caer en la vertiente de lo sociológico. Es el llamado "destape", moda que se caracteriza por la proliferación de desnudos femeninos en todo tipo de géneros cinematográficos. Hay mucha hambre atrasada que se intenta saciar de golpe. Para mostrar abiertamente la anatomía de nuestras Evas vale cualquier motivo, por peregrino que sea. Poco a poco se va decantando un tipo de películas muy concretas, de nula calidad artística, en las que el único fin de su producción es el aprovechamiento del gancho comercial que supone mostrar a las féminas tal como vinieron al mundo. Estos desnudos se suelen insertar, en general, en comedias populacheras como las de la factoría de los Ozores entre otros, en que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, de vez en cuando aparece alguna señora mostrando sus encantos. En realidad, se trata de un fenómeno que se da en otros países durante esos primeros años de la década de los 70. Italia facturará múltiples largometrajes a mayor gloria de actrices como Edwige Fenech, Serena Grandi, Barbara Bouchet, Gloria Guida, Carmen Russo o Laura Antonelli (ésta última será rescatada para el cine de calidad por Visconti en El Inocente, película basada en la novela de D'Annunzio). Como comparsas cómicos solían aparecer Alvaro Vitali, Lino Banfi, Renzo Montagnani o Mario Carotenuto, equivalentes a nuestros Esteso, Pajares, Antonio Ozores y compañía. Aunque el caso italiano se da bajo parámetros políticos diferentes, como es obvio.

 Uno de los desnudos más emblemáticos de aquellos años, el primero integral, será el de María José Cantudo en La trastienda, película no englobada en esas comedias descritas antes y rezumantes de caspa. Aquí se plantea la controversia moral de un médico del Opus, en la Pamplona de los sanfermines, ante la tentación de un romance adúltero con una enfermera. Desde entonces se habló del "felpudo de la Cantudo", expresión muy gráfica que describe la aparición de la actriz en todo su esplendor durante algunos fotogramas. 

 Nadiuska fue también otra de aquellas musas que enriqueció a los productores con la exhibición de su palmito despojado de ropa en las pantallas. Musa de aquellos nuestros años jóvenes en que las hormonas eclosionaban, coincidentes para más inri con esa exaltación de los desnudos femeninos en el celuloide y las revistas, Nadiuska fue un icono dentro de aquella pléyade de actrices que se encueraban a golpe de claqueta.  Las cuales justificaban esas exhibiciones con una frase que hizo fortuna: "Sólo me desnudo si lo exige el guion". Lo exigiera más o menos, el caso es que las pantallas rezumaban de cuerpos gloriosos y los cines hacían su agosto. El hambre atrasada era mucha, por lo visto.

Susana Estrada, África Prats, Isabel Luque, María Salerno, Adriana Vega, etc. eran algunas de las que nos invitaban a acercarnos a media tarde a las salas de proyección, dejando aparcados los apuntes, para caer luego, por más que intentáramos evitarlo, en el pecado en soledad. Pero éramos de una generación en la que nuestra juventud coincidía de pleno con esa explosión de placeres visuales tan vetados hasta entonces.

El complemento a todo ese festival de tetas, culos y felpudos estaba en los quioscos, con la revista Interviú como buque insignia de tanto papel couché exhibidor de mujeres en sazón y sin ropa. Y precisamente fue Interviú la que cerró todo un ciclo simbólico con aquel reportaje en que Marisol mostraba su esplendorosa desnudez. Marisol, la niña prodigio del cine del franquismo, el espejo en que tantas niñas se miraban en los 60, aparecía ahora como un fogonazo de sensualidad en la portada de la revista del grupo Z. Esa imagen parecía clausurar toda una época y hay quien dijo que era el final de cierta inocencia. Pero visto con la perspectiva que da el tiempo, pienso que seguíamos siendo unos inocentes, ignorantes de tantas cosas que estaban por suceder e imposibles de imaginar entonces.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

118-Índice

ÍNDICE 45- El juego del cuchillo en la arena

Buscar este blog

Etiquetas

Archivo del blog